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Américas

'En Colombia no había otra posibilidad que las armas'

media Tanja Nijmeijer, la "holandesa" de las FARC ©Mario Zamudio

Tanja Nijmeijer es una holandesa de clase media que decidió, en el año 2002, tomar las armas y unirse a la guerrilla más antigua de América latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Rubia, esbelta, de rostro casi angelical, salió a la luz pública tras el hallazgo después de un bombardeo a un campamento guerrillero en el 2007 de unos diarios por militares colombianos. 

Tanja, que pide que la llamen por su nombre de guerra, Alexandra, tiene hoy 34 años y es la única mujer en la delegación que representa a las FARC en las negociaciones de paz con las que el gobierno del actual presidente Juan Manuel Santos busca poner fin a medio siglo de un conflicto que desangra a Colombia. En la Habana, Cuba, sede de los diálogos de paz, la mujer que ha inspirado libros, series de televisión y documentales en Europa y en el mundo, recibió a Natalia Orozco, colaboradora de Radio Francia Internacional. 

Alexandra, han pasado 3 meses desde que, en nombre de los diálogos de Paz, salió de la clandestinidad y tuvo que darle la cara al mundo. ¿Qué ha sido lo más difícil en este tránsito de la selva a la Habana?

Ha sido difícil porque hay luchas diferencias entre allá y acá: los carros, la bulla, el ruido, la prensa. Pero en cierta forma, se trata de lo mismo. Allá y aquí hay una guerra. En la selva, la guerra es más bien militar y en la ciudad, es política. En las dos guerras hay francotiradores que de vez en cuando nos echan un “morterazo” y nos toca reaccionar rápido para que no nos maten. Lo veo como una misión más que me toca cumplir a cabalidad.

Usted menciona que una de las mayores presiones las impone la prensa. ¿Por qué?
Pienso que la prensa debería de tener un comportamiento más ético conmigo como persona, pero en general, siento que la mayoría de los medios de comunicación necesita un compromiso más grande con el proceso de paz. Sobre todo la prensa colombiana, que podría jugar un gran papel apoyando esta negociación, para que la población se convenza de que es necesaria la paz en Colombia.

¿Por ejemplo Alexandra?

Ese cuento que sacaron, por ejemplo, de que en las Farc no hay unidad y no hay cohesión, que el Bloque Sur no está de acuerdo. Todo el mundo sabe que eso no es cierto, incluso los camaradas han escrito una carta diciendo que sí están comprometidos. Las FARC somos una. Tenemos unidad de mando y es malo que la prensa haga ese tipo de cosas.

Dicen que usted pertenece a la guerrilla y participa en las negociaciones porque es una mujer bonita, la cara linda de las FARC, ¿cree que la utilizan para eso?

Yo creo que lo más bonito que tengo es mi cerebro, por eso estoy aquí. En cuanto a la guerrilla, el ideal de belleza que es impuesto por el capitalismo en los medios de comunicación, la chica 90/60/90, no juega, no es así. En la guerrilla el concepto de una mujer bonita, bella, es muy diferente. Entre otras cosas porque la mayoría de los guerrilleros son campesinos y en el campo colombiano una mujer bonita no es una mujer flaca, es una mujer bien alimentada, ‘gordita’ como dicen ellos. En el monte yo soy la ‘flaquita sin sabor’, la ‘flaquita insípida’.

Hablemos sobre su decisión de integrar las FARC. Usted viene de Holanda, de un universo donde las armas ya no son una opción, donde son otros los caminos que se contemplan en caso de conflicto…

Claro, es muy diferente la situación. En Holanda a uno no le nace esta inquietud de injusticia o de justicia porque, como usted dijo, en Holanda la situación es muy diferente. Sin embargo yo siempre he tenido esa sensibilidad social y ese sentido de injusticia. Por ejemplo, en la escuela, si el profesor era injusto con alguno de los alumnos yo me indignaba .Y vivía indignada, sobre todo cuando era muy pequeña.

Recuerdo especialmente una vez cuando, al comenzar un nuevo curso, el profesor se sentó a saludar cada uno de los niños que entraban a la sala. Yo sabía que ese profesor tres años antes le había pegado a mi hermana mayor simplemente porque ella no había entendido algún ejercicio. A mí el hecho me causó más indignación que a mis padres que prefirieron no hacer ningún reclamo y dejar que la situación se apaciguara. Pero a mí nunca se me olvidó y el día que yo entre al salón y él estaba ahí sentado para saludarme, yo le pegué una cachetada.

Pero ¿qué la hizo creer que para construir una Colombia mejor había que recurrir a la violencia, a los explosivos, a los cilindros bomba? 

Yo creo simplemente que cuando llegué a Colombia me empecé a interesar por la política y por la idea de combatir la injusticia. Me di cuenta de que si quería hacer eso en Colombia, no había otra posibilidad que coger las armas. Entonces empecé a entender ese proceso del pueblo colombiano, la necesidad de alzarse en armas, y surgieron las ganas y la motivación para mostrar mi solidaridad con esta causa. No es tanto que las armas sean el mejor camino. Yo creo que son el último recurso de un pueblo, pero en Colombia el Estado no dejó otra opción.

Personalmente creo que sí hay otras opciones y usted como europea las conoce: usted viene de una social democracia donde se promueve la salida negociada a los conflictos.

Usted dice dos palabras muy importantes: efectivamente en los países de Europa hay una social democracia, pero ¿qué están haciendo y qué han hecho en la historia de la humanidad esos países en otras partes del mundo?. Uno en Holanda puede vivir bien, ¿pero qué está pasando por fuera de las fronteras de mi país?. Y por eso me nació esa inquietud: ¿ soy capaz, éticamente, de vivir bien sabiendo que en otras partes del mundo se vive mal, y que nosotros acá estamos viviendo bien a costa de esos otros pueblos?.
Y además, Europa habla de salida de negociada de los conflictos pero eso es un discurso, pues sabemos bien lo que hacen en otros países, eso muestra que son palabras y no van más allá.

Usted es la única mujer en la delegación de paz de las FARC, mientras que del lado del gobierno las mujeres no juegan un rol de liderazgo. ¿Cree usted que eso es un reflejo de la situación de la mujer en el país?

En Colombia, un 51 por ciento de la población son mujeres, así que me hubiera gustado que un 50 por ciento de esa mesa, tanto por parte del gobierno como por parte de las FARC, fuera compuesta por nosotras. Nosotros como delegación de paz de las FARC estamos tratando de hacer escuchar la voz de la mujer colombiana. También he visto que las relatorías de los Foros fueron hechas por mujeres y en las propuestas que he leído me he dado cuenta de que la mujer ha hecho escuchar su voz de una forma muy fuerte. Lo han hecho reclamando tierra, reclamando sus derechos. Eso me parece muy positivo

Usted se presenta como una mujer que cuestiona, beligerante. ¿Cómo soporta que una guerrilla tan machista regule sus relaciones de pareja, su vida privada, su sexualidad?

En la guerrilla no tengo que pedir permiso para enamorarme. En la guerrilla uno puede tener su vida de pareja normal, se puede pedir asociamiento, compartir la caleta y tener una vida perfectamente normal. Eso es algo muy bonito. Sin embargo, el primer compromiso siempre es con el pueblo colombiano. Eso implica que cuando a usted le dicen que tiene una misión, como la que yo tengo ahora con el hecho de estar en La Habana, y le toca separarse de su compañero, usted lo asume.

¿Qué ha sido lo más difícil para usted, no sólo como mujer sino también como europea?

Para mí, como mujer europea que llegué a la guerrilla, es difícil encontrarse con el machismo. En la sociedad colombiana el machismo es horrible y en la guerrilla, que es una representación de esa sociedad, también se encuentra. En cambio en Holanda la situación es muy diferente, la posición de la mujer allá es otra. Eso a veces es complicado en la guerrilla.

Muchos desmovilizados han relatado que a ustedes las obligan a abortar. Según los principios de igualdad de género, de respeto a la mujer, que usted dice defender ¿cómo vive esta realidad?

Estas reglas son muy lógicas. Imagínese usted un bebé en la guerra, se me ocurren diálogos como “aparte de las dos arrobas de comida que vamos a llevar hoy, usted lleva los pañales”. Eso es imposible y yo lo entiendo. Y además en una situación como la que está el país, yo no pienso en tener un hijo. Si fuera a tener un hijo en la ciudad, me capturan y además los hijos de los guerrilleros son permanentemente estigmatizados. Eso no tiene sentido. Son normas que uno entiende y que cuando ingresa se las explican.

Alexandra, y usted ¿sueña aún con tener un hijo, una familia?

Claro que pienso en tener un hijo, y me gustaría tenerlo, pero en un ambiente de paz y justicia social. Yo quiero tener un hijo para verlo crecer en la nueva Colombia, no en un país donde no tenga oportunidades. Nunca voy a dejar de lado a las FARC ni la lucha por las cosas en las que yo creo

Alexandra, en su contra pesan cargos por pertenecer a un grupo involucrado con el secuestro, la extorsión, un grupo que se financia con el narcotráfico, ¿es ése su mayor pecado?

Yo de eso prefiero no volver a hablar. Es que decidimos no hacerlo más, entonces para qué vamos a seguir machucando en ese tema. El año pasado, en febrero, decidimos que no habría más retenciones económicas.

En cuanto al narcotráfico, usted debe conocer la realidad y no sé si es que otra vez tengo que volverlo a explicar. Nosotros hemos presentado proyectos de impuestos a la coca o para la sustitución de cultivos y todo el mundo sabe que el negocio del narcotráfico es más que todo del Estado colombiano. Pero de eso nunca se habla.

¿Usted lamenta haber presenciado algo?

El día de la muerte del ‘Mono Jojoy’ y el bombardeo tan criminal del que fue víctima. Yo quisiera que estuviera vivo y que estuviera con nosotros aquí en La Habana, porque él era un hombre de paz. Y en lo que a mí respecta, hasta ahora, no me arrepiento de nada, de nada….

¿Que le diría Usted a los colombianos y europeos que quieren verla condenada y no aquí entrevistada?

Pues que, que están equivocados. No sé. No sé, Natalia, mejor dejémoslo aquí.

Muchas preguntas quedaron pendientes y aunque Tanja terminó aquí la entrevista deducimos que para las FARC el triunfo en su lucha lo representaría incorporarse a la vida política o tener una militancia no armada que ¨La holandesa de las FARC¨ no deja de considerar.

 
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