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Américas

Juan Rulfo, ¿un escritor a sueldo de la CIA? -Entrevista

media Juan Rulfo Fundación Juan Rulfo Toni Kuhn

Patrick Iber, profesor de Historia en la Universidad de California en Berkeley, sostiene que el autor de ‘El llano en llamas’ recibió financiamiento de la agencia de inteligencia norteamericana en el marco de un programa para contrarrestar, en plena Guerra Fría, la influencia de autores comunistas como Pablo Neruda. Cómo fue el apoyo de los servicios secretos de EEUU al Centro Mexicanos de Escritores, del que salieron Rulfo, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska o Carlos Monsiváis.

RFI: Usted afirma que la CIA financió al Centro Mexicanos de Escritores. ¿Cómo funcionaba este sistema y qué escritores habrían sido sus beneficiarios?
 

Patrick Iber (PI): Durante las primeras décadas de la existencia del Centro Mexicano de Escritores (CME), era un lugar común oír críticas de sus lazos con el imperialismo cultural norteamericano. La directora y fundadora del CME fue una novelista norteamericana, Margaret Shedd, y su esposo había trabajado para la embajada norteamericana en México durante la Segunda Guerra Mundial. Al principio, el CME existía como parte del Mexico City College, hoy Universidad de las Américas, que en esos tiempos servía principalmente para estudiantes expatriados de los Estados Unidos. Cuando se independizó, la sede del CME fue el Instituto Mexicano-Norteamericano de Relaciones Culturales. Y la gran mayoría del dinero para las becas de los escritores provenía de la Fundación Rockefeller, que pensaba en términos “panamericanos”—que si los escritores norteamericanos y mexicanos se entendían mejor, producirían mejores relaciones entre los países. Una hipótesis sin duda cuestionable. Las becas del CME fueron conocidas como las “becas Rockefeller” y fueron cuestionadas por muchos. (Este es el tema de la sátira “La ley de Herodes,” por Jorge Ibargüengoitia, varias veces becario “Rockefeller.”) Es decir que, aparte de las contribuciones de la CIA, todo el mundo—incluso los becarios—sabía que el CME dependía de sus subsidios estadounidenses.
 

La CIA entra en escena a finales de los cincuenta. Hay que recordar que Estados Unidos no contaba —ni cuenta—con un Ministerio de Cultura, y, durante los cincuenta y los sesenta, la CIA básicamente jugó ese papel. Mantuvo una red de fundaciones “fachadas” para pasar dinero a sus causas favoritas, incluso arte e intelectuales considerados anti-totalitarios. Una de esas fachadas fue la Fundación Farfield. Margaret Shedd había solicitado el apoyo de la Farfield, y en 1959, el boletín del CME Recent Books in Mexico aparece con el apoyo de la Farfield. Siendo de la Farfield, o es dinero de la CIA o es dinero dado para encubrir que las otras funciones de Farfield sirven los intereses de la CIA. Pero la contribución es mínima, y no va directamente a los escritores.
 

A mediados de los sesenta, la organización de la CIA anti-totalitaria por antonomasia, el Congreso por la Libertad de la Cultura, decide renovar sus operaciones latinoamericanas. Uno de sus emisarios, un escritor llamado Keith Botsford, llega a México. Y encuentra algo de valor en el Centro Mexicano de Escritores, que se halla en dificultades de liderazgo y recursos financieros. Por dos años, el CLC proporcionó un salario para Juan Rulfo en el CME, para que actuara como tutor. Se puede decir sin dudas que este dinero vino, por medio del CLC, de la CIA. Rulfo fue el único que recibió un salario como tal, y nunca habría sospechado que venía de la CIA. Para nada todo esto implica que Rulfo fue un “agente.” Hasta hoy, nadie se ha enterado de la conexión.


-¿Por qué eligieron a estos escritores en particular? ¿Sabe si el programa alcanzó a otros autores latinoamericanos?

El salario para Rulfo era destinado para mantener una presencia mexicana en el Centro Mexicano de Escritores, y para avanzar la carrera de Rulfo con la esperanza que se convirtiría en una famosa personalidad, con autoridad moral y opiniones anticomunistas—para rivalizar con un figura como el poeta comunista Pablo Neruda. La elección de Rulfo no fue muy hábil. Era un hombre privado. Tenía opiniones públicas—firmó la carta de protesta contra el maltrato de poeta Heberto Padilla por parte del gobierno cubano en 1971, por ejemplo—pero no le interesó tener un perfil público como un Neruda. Si nos restringimos al Centro Mexicano de Escritores, no hubo más beneficiarios de dinero de la CIA. Pero para amplificar un poco la situación, muchos escritores latinoamericanos de tendencias liberales y socialdemocrátas tuvieron relaciones con el Congreso por la Libertad de la Cultura.

El CLC siempre promocionó la obra de Jorge Luis Borges, y unos de sus viajes a Europa fueron subvencionados por el CLC para aumentar sus posibilidades como candidato al Premio Nobel (Cosa que, notoriomente, nunca recibió.) Básicamente toda la generación del “boom” publicó en la revista Mundo Nuevo, ligada al CLC. La lista de escritores es larga, pero otra vez hay que dejar muy claro que estos hechos no convierten a nadie a un “agente de la CIA.”

-Usted afirma incluso que la CIA, a través de su fundación pantalla Farlfield Foundation, permitió a Juan Rulfo comprarse tierras…

Sí. A finales de los sesenta, Rulfo compró una tierra en el campo y allí construyó una casa. El dinero para eso vino de la Fundación Farfield. Para ser rigurosos: la documentación de la CIA y la Farfield no son accesibles, y los datos provinenen del archivo personal de Margaret Shedd. No se puede decir con ciencia cierta que ese dinero de la Farfield vino originalmente de la CIA, pero es probable. En ese caso, la idea fue aliviar las dificultades personales que Rulfo experimentó en producir otra obra de literatura. Y aparentemente Rulfo aprovechó su terreno, pasando cada fin de semana allí. Pero, aparte de "El gallo de oro" en 1980, que él mismo menospreció, nunca alcanzó a publicar otra cosa.

-¿Sabían estos autores que estaban siendo financiados por la CIA?

En el caso de Rulfo, la respuesta es “no.” En la gran mayoría de los casos, la respuesta sea“no.” Es probable que hasta en el caso de Margaret Shedd, la respuesta sea “no.” Pero ella se había dado cuenta de que, para finales de los sesenta, el gobierno norteamericano era responsable por muchas becas culturales. Ella quería mantener y proteger el CME, y no le importaban cuestiones éticas surgidas de tomar dinero de esas fuentes. Aun así, no veo evidencia que se enteró que había recibido dinero de la CIA.

En el más amplio caso de los que trabajaban directamente con el Congreso por la Libertad de la Cultura, habían algunos que entendían las relaciones con el gobierno de EE.UU., y otros que no. Mucha gente anticomunista se acercó a la CIA para pedir  su ayuda en sus campañas personales, pero este no es caso con ningún escritor muy famoso. Carlos Manuel Pellecer, autor guatemalteco de "Renuncia al comunismo" (quién no se debe confundir con el poeta Carlos Pellicer) probablemente califica como agente de la CIA.

-¿Qué pretendía la CIA con este programa?

Hay que especificar que estas decisiones fueron tomados por personas con un grado de autonomía, aunque obviamente no independencia, de la CIA. El oficial de la CIA más importante para los asuntos latinoamericanos del Congreso por la Libertad de la Cultura era un tal John Hunt, un escritor norteamericano. Hunt había estudiado en el famoso Iowa Writers’ Workshop, una de las inspiraciones por el Centro Mexicano de Escritores. Hunt era un empleado de la CIA, pero tambíen un empleado del Congreso por la Libertad de la Cultura—que recibe la mayoría de su prespuesto de la CIA—pero piensa como alguien que cree sinceramente en su causa.

Quiere combatir el totalitarismo, y especialmente el comunismo, con un reformismo culto—y obviamente compatible con los intereses de los EEUU en el terreno global. La idea básica era demostrar que, en contraste con los estereotipos, todos los buenos artistas no eran comunistas o marxistas. Por eso el CLC tomó medidas para apoyar, por ejemplo, la pintura mexicana de la “Ruptura” en contra de los grandes muralistas marxistas como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Secundariamente, el Congreso por la Libertad de la Cultura quería apoyar la creación de comunidades de pensadores “liberales”, y obras de arte que no se ajustaban a los requisitos del arte comprometido marxista. Las relaciones con el Centro Mexicano de Escritores establecidos brevemente a mediados de los sesenta fueron consideradas un primer paso para hacer todo esto en el campo de la literatura, pero el CLC mismo se hundió en 1967 cuando sus relaciones con la CIA fueron reveladas públicamente. Su contribución al CME fue mínimo y nunca dio resultados serios.

Una de las hipótesis es que no fue la CIA la que se aprovechó de los escritores, sino lo contrario. ¿Podría explicarnos esta interpretación?

Tomemos el caso de Rulfo. Recibe un salario y muy probablemente un terreno gracias a la CIA. El resultado es nulo. A la postre, ¿quién se aprovechó de quién? Con esto no quiero argumentar que la CIA es siempre incompetente, o que nunca recibe lo que quiere. Yo diría que es una organización como cualquier otra, y que a veces cumple sus misiones y otras veces no. Es difícil ver esto porque todo viene rodeado de secretos. Para mi, como ser político, yo desearía que varias campañas de la CIA durante la guerra fría no hubieran encontrado el éxito que tuvieron. Pero como historiador, es preciso reconocer que los tipos de la CIA no tienen la capacidad de ser la mano oculta detrás de cualquier movimiento político o cultural.

-¿En qué documentos o testimonios se apoyan estas revelaciones?

Siendo inaccessible los archivos de la CIA y de la Farfield, todo esto es triangulizado con los papeles del Congreso por la Libertad de la Cultura, la Fundación Rockefeller, y los papeles personales de Margaret Shedd. El archivo del Centro Mexicano de Escritores también existe, hospedado en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México. Allí conservan muchos borradores de los becarios del CME y las propuestas originales con las cuales los escritores ganaron sus becas. Pero el archivo es inútil para cuestiones de organización y financiamiento.

-¿Se puede medir qué impacto real tuvo este apoyo de la CIA en el trabajo o la influencia intelectual que podían ejercer estos escritores?

Ahí está el detalle. En lo general, me parece muy difícil. Dejemos de lado la influencia de la CIA en el Centro Mexicano de Escritores, porque las contribuciones fueron mínimas, y pensemos en la Fundación Rockefeller. ¿El campo literario mexicano es diferente hoy de lo que habría sido sin las “becas Rockefeller”? ¿Es más burgués y menos proletario, o algo parecido? Y la verdad es que no tengo una respuesta clara. Durante los cincuenta, el CME no admitió estudiantes comunistas. Pero durante los sesenta, precisamente cuando el CME sí recibió algo de la CIA, habían estudiantes comunistas—varios de los escritores de la “onda". Y muchos escritores que recibieron becas, como Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska, son reconocidos por sus posturas de izquierda. No son vendidos al imperialismo simplemente por haber recibido su Rockefeller. Es más: me parece muy difícil detectar un “estilo” emergiendo de la CME. Pero, ¿podría ser cierto que el oficio del escritor en México es más profesionalizado, y quizás por eso posiblemente menos interesado en cuestiones sociales, que hubiera sido sin el CME? Quizás. En cualquier caso, la influencia ha sido muy indirecta y difusa.

-¿Cómo interpreta el relativo silencio de los grandes diarios mexicanos a partir de estas revelaciones?

La prensa mexicana es quizás más misteriosa y menos transparente que la mera CIA. Pero en este caso no sospecho nada irregular. Periódicos más sensacionalistícos han tomado noticia—pero no han presentado el tema con mucha sutileza. Tratarlo con más seriedad requiere tiempo. Ya vendrá.
 

 
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