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Agricultura urbana sustentable en México

Agricultura urbana sustentable en México
 
Integrantes del proyecto El Molino, delante de las jardineras del huerto, en Iztapalapa. Foto: Patrick John Buffe

En la ciudad de México existe un proyecto exitoso de agricultura urbana sustentable. En pequeños huertos, vecinos del predio El Molino, en la delegación Iztapalapa, cultivan hortalizas que les permiten ser autosuficientes. Esta experiencia sirve de modelo para que se multipliquen proyectos de pequeña escala que buscan hacer de la capital mexicana una ciudad siempre más verde.

Hortalizas, composta, conejos, gallinas… Sí, se puede hacer agricultura urbana sustentable, inclusive en una ciudad tan grande como la de México. Lo demuestra el proyecto del predio El Molino. Está ubicado en Iztapalapa, la delegación más poblada del Distrito Federal, con la menor proporción de áreas verdes y con graves problemas de agua.

Desde el año 2007, una organización de vecinos decidió cultivar hortalizas de manera orgánica en dos predios: uno pequeño de 480 metros cuadrados y otro de 3.500 metros. Pero a pesar de que sean parcelas de superficies reducidas, estas huertas permiten a las 25 personas que las cultivan estar autosustentables: comparten entre ellas y su familia el 75% de las cosechas, mientras el resto lo venden al público a un precio muy bajo. Hoy por hoy, este proyecto beneficia a unas 600 personas.

Con los años, este huerto, rodeado de casas hechas de bloques de cemento, se volvió una referencia en materia de agricultura urbana. El ingeniero Mariano Salazar, responsable de esta propuesta de sustentabilidad, explica que “más que ser un grupo de agricultores de la ciudad, somos un grupo multifuncional. Tenemos una caja de ahorro y crédito, damos talleres de capacitación, sacamos plantas medicinales. Cuando la gente se da cuenta de esto, se da cuenta de que no es un huerto nada más, sino que es un proyecto mucho más integral, que lleva como planteamiento las estrategias del bien vivir, o de la vida digna, o como se llama en México de la comunalidad”.

Además, la experiencia en sí permite a los integrantes de este proyecto aprender a producir también en su propia casa, gracias a la composta que se reparten, cuenta Aurelio Monjaraz: “Cada uno de nosotros en nuestras viviendas, podemos estar sembrando hortalizas también, (…) y permite que la familia vaya aprendiendo”.

En la Ciudad de México, este proyecto fue, hace ocho años, el primero que financió el gobierno del DF. Desde entonces, la Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (SEDEREC) apoyó unos 1.000 otros proyectos a través de un programa que promueve la agricultura urbana a pequeña escala y que encabeza Elba Rojas quien asegura que “la necesidad de contar con el derecho a la seguridad alimentaria es fundamental para el gobierno del Distrito Federal, particularmente en lo que tiene que ver con huertos urbanos. Se busca difundir y sensibilizar a los ciudadanos para que puedan acceder a esa seguridad alimentaria mediante huertos cultivados y producidos por ellos mismos”.

Los huertos toman diferentes formas en distintos espacios. Tan solo este año, habrán sido más de 200 los proyectos financiados por el gobierno capitalino. Para Greenpeace también, la seguridad alimentaria es primordial: acaba de lanzar a nivel mundial una operación sobre las megaciudades.

En este marco, en México, la bióloga Paloma Neumann se acercó al proyecto del Molino, que Greenpeace considera como un caso emblemático: “El objetivo de este proyecto es conseguir inspirar a los ciudadanos, movilizarlos, involucrarlos para que construyamos juntos una ciudad más humana, más sana, más verde, más justa. (…) El caso del Molino en Iztapalapa nos pareció particularmente interesante porque no se trata solamente de una propuesta de agricultura urbana, sino que es más integral”.

Pero para que prospere este enfoque medioambiental, es necesario concientizar a los habitantes para convertirlos en ciudadanos ecológicos, subraya Mariano Salazar: “El primer paso para ser unos ciudadanos ecológicos y sustentables, es hacernos responsables de nuestros desechos y hacernos responsables del manejo de nuestros recursos. Y esto es mejor hacerlo a escala familiar y comunitaria que hacerlo a gran escala, hay que empezar de poquito a poquito para que quede instalada una cultura ecológica, ambiental y ciudadana y que esto se transfiera a las nuevas generaciones”.

El aporte de este proyecto al planeta y a la ciudad es sólo un granito de arena. Pero la multiplicación de estas iniciativas a nivel del núcleo familiar y comunitario tal vez sea la mejor manera de lograr, a mediano o largo plazo, la seguridad alimentaria, el mejoramiento ambiental, el reciclaje de los desechos, una buena gestión del agua. Y con ello, contribuir a generar procesos sustentables a pequeña escala, con el objetivo de avanzar hacia una ciudad más verde.
 

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