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Américas

¿Qué país encuentra Trump?

media El presidente Donald Trump habla durante una conferencia de prensa en la Trump Tower en Manhattan, Nueva York, el 11 de enero de 2017 REUTERS/Lucas Jackson

Donald Trump, el 45 Presidente de los Estados Unidos, asume su cargo con la promesa de hacer del país una potencia más fuerte. La economía mantiene un crecimiento sostenido, se han creado millones de puestos de trabajo y generado una riqueza incomparable en los pasados cinco años.

Pese a las críticas incesantes que el magnate multimillonario ha hecho contra la administración Obama, lo cierto es que Trump comienza su presidencia apoyado en los logros y fracasos de la presidencia de Barack Obama, quien en su mitin de despedida el 10 de enero en Washington declaró: "la economía crece de nuevo, los salarios, los ingresos, los precios de la habitación y el monto de las pensiones aumentan de nuevo y la pobreza retrocedió".

Una economía marcada por fuertes contrastes

Barack Obama inició su primer mandato en enero de 2009, en plena crisis económica provocada por el desplome de las llamadas subprime --las hipotecas podridas--. Ocho años después deja una economía que ha estado creciendo en torno a una tasa de entre 2,5% y 3,0%, los salarios reportan una mejoría y el empleo ha subido de manera importante. De manera general el estado de la economía es saludable. "Podríamos decir que la economía se encuentra funcionando a su capacidad potencial y es eso lo que recibe el nuevo presidente", afirma Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moodys Analytics en Estados Unidos.

Desde su primer gobierno Obama puso en marcha un programa de reconstrucción de infraestructuras muy importante, tanto con inversión pública como privada, que sirvió de trampolín para relanzar la economía. El sector de la construcción ha jugado un papel central en estos últimos 8 años y ligado a él el sector de la vivienda, que junto con el de las comunicaciones son muy dependientes del estado de las infraestructuras, pero son también importantes demandantes de mano de obra. Absorben fuerza laboral en cantidades extraordinarias, y es allí que encuentran su lugar los inmigrantes latinoamericanos, en particular mexicanos y centroamericanos, aunque también de otros países de la región tales como Colombia, Chile o Perú. Por otra parte también está el sector agrícola que igual se beneficia de la inversión en infraestructura. Allí igual encuentran cabida inmigrantes latinoamericanos, de manera que el sector trabajador latinoamericano en Estados Unidos ha sido uno de los componentes de la población que "han tenido una mejoría incluso por encima de otros sectores como los afrodescendientes o la población blanca de menores ingresos", observa el director de Moodys Analytics.

Pero el sector de las infraestructuras, lo mismo que el de la restauración --bares y restaurantes-- u otros servicios se carcaterizan por pagar bajos salarios, en tanto que en las manufacturas cuyos salarios son mucho más elevados se perdieron más de un millón y medio de puestos de trabajo. Este es uno de los puntos en donde Donald Trump se apoyó para obtener el voto de los llamados trabajadores blancos.

Hay resentimiento, especialmente en el sector manufacturero donde se redujo el nivel del empleo. En ese sector la automatización permitió incrementar la productividad, pero los salarios quedaron relegados. Sólo los trabajadores de los estratos más formados, mejor calificados, vieron mejorar su nivel de ingresos en tanto que los menos calificados fueron desplazados. El semanal The Economist destaca que "entre 1996 y el 2015 la parte de los trabajadores empleados en actividades repetitivas o de rutina declinó de 25,5% a 21%, lo que se tradujo en una pérdida de 7 millones de empleos". Esto ocurrió tanto en el sector manufacturero como en el sector servicios, pero el sector servicios es menos comercializable.

Dos de los rasgos que deja como herencia económica la administración Obama se refieren al modesto crecimiento económico -el más débil para un período de recuperación en Estados Unidos- y la menor productividad. "No hay duda que la economía se ha recuperado de la Gran recesión, aunque el crecimiento ha sido lento, con una trayectoria de crecimiento que no es usual para un período de recuperación económica en ese país", observa Issac Cohen, consultor internacional en asuntos económicos y financieros, ex director de la Oficina de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, en Washington. En cuanto a la productividad, su bajo crecimiento "no es exclusivo de los Estados Unidos, también se observa en Europa y otros países del mundo, destaca por su parte Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moodys Analytics.

Nuevas reglas para el sector financiero

No bien asumir su primer gobierno y afectado por los efectos devastadores de la Gran Recesión de 2007-2008, Barack Obama se comprometió a aplicar nuevas reglas dentro del sistema financiero, principal responsable de de la crisis. Aunque la Ley Dodd-Frank sin duda representa un avance importante, es otro de los temas donde la tarea quedó inconclusa en razón de la abierta oposición que el gobierno encontró en el Congreso (dominado por los republicanos) y por la presión que ejerció el lobby financiero.

La ley Dodd-Frank efectuó una reforma profunda, pero "no ha tenido los efectos esperados", destaca Issac Cohen. Los bancos más grandes de Estados Unidos siguen dominando el sector financiero y los mayores controlan 60% de los depósitos. Esto genera grandes problemas pues si alguna de esas entidades financieras tiene una dificultad, puede arrastrar a todo el sistema financiero, incluido el sistema financiero internacional", apunta el experto en asuntos económicos y financieros.

Llevar hasta el final la reforma del sistema financiero es clave para la economía estadounidense e internacional, pero no es seguro que suceda así. Los responsables de los departamentos del Tesoro y el del Comercio nombrados por Trump son dos multimillonarios que dirigían importantes fondos especulativos que se han beneficiado con los desahucios durante la Gran Recesión. Tanto o más importante, el equipo gubernamental Trump, está compuesto en su gran medida de multimillonarios cuyas fortunas totalizan más de 9 mil 500 millones de dólares, todo un récord.

Fuerte aumento de la desigualdad pero hay menos pobres

La recuperación de la economía estadounidense inició en 2009, y desde entonces una cosa quedó clara: la recuperación favorecía como nunca antes a los más ricos en tanto que la gran mayoría de la población sufría los embates de una economía deprimida. El segundo mandato de la presidencia Obama vió profundizarse esa tendencia. 95% de los ingresos de la recuperación económica fue a parar al 1% de la población más rica.

La economía estadounidense se caracteriza por su fuerte tendencia a la desiguladad de ingresos, pero durante los últimos años esa tendencia se acentuó. Los salarios no se han recuperado con la misma rapidez que las ganancias de las empresas o los salarios de los ejecutivos. En cuanto a los pobres, "su número aumentó considerablemente en casi un 2% con motivo de la Gran Recesión, pero se logró recuperar", asegura Issac Cohen. En cuanto a la desigualdad, "el 1% capta una porción mayor del ingreso que la que recibe el 40% del estrato más bajo de la sociedad", añade el experto.

El Obamacare en la picota

Uno de los éxitos más sonados -aunque también muy polémico- de la administración Obama fue la aprobación, en 2010, del programa conocido como Obamacare que permitió acceder a unos 20 millones de personas al sistema de salud. Una de las razones por las que hay más desigualdad en Estados Unidos es porque el acceso a los servicios de salud está muy sesgado en favor de los que tienen más recursos. La reforma contribuyó en cierta medida a disminuir la desigualdad que había en ese terreno. Los avances en materia de seguridad fueron relevantes. Antes una persona mayor de 21 años no podía quedarse en el seguro de sus padres, pero ahora puede hacerlo hasta los 26 años. El gran problema es que en Estados Unidos no existe un sistema universal de salud como existe en las grandes economías más avanzadas. Es una asignatura pendiente, aunque igual hay que subrayar que muchos estadounidenses no aceptan que el Estado quiera intervenir en un terreno que juzgan es estrictamente de índole privado. Es uno de los rubros que la administración Trump se ha comprometido a echar por tierra a partir de este 20 de enero, el primero de una presidencia cuyo representante promete devolver a Estados Unidos "su grandeza". Poco importa el precio a pagar.
 

 
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