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Américas

Brasil, un año después de la salida de Rousseff

media Temer y Rousseff en una imagen de archivo Lula Marques / AGPT (11/08/2015)

Apenas un 9% de los brasileños aprueba la gestión de Michel Temer. La presidenta Rousseff, reelegida en 2014, había sido suspendida para ser juzgada por el Congreso, por presunta manipulación de las cuentas públicas.

Un gobierno conservador, nuevas acusaciones de corrupción y un desempleo récord pese a que se vislumbra el fin de la recesión. Para los brasileños, mucho y al mismo tiempo nada ha cambiado desde que Dilma Rousseff fue sacada hace un año del poder. El 12 de mayo de 2016 Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores abandonó el palacio presidencial en Brasilia denunciando un "golpe institucional". La presidenta, reelegida en 2014, había sido suspendida para ser juzgada por el Congreso, por presunta manipulación de las cuentas públicas.
Su vicepresidente Michel Temer asumió interinamente el comando del país y prometió cambiar radicalmente el rumbo político para recuperar la confianza de los mercados y sacar a Brasil de la peor recesión de su historia.
Un año después, ocho de cada diez brasileños consideran que el mandatario hizo menos por Brasil de lo que esperaban, según una encuesta del Instituto Datafolha. Y apenas un 9% aprueba su gestión.

 

De vice "decorativo" a presidente impopular

Vicepresidente desde 2011, Temer rompió con Rousseff antes de que ella fuera suspendida. Le reclamó primero haberlo tratado como un "vicepresidente decorativo" y poco después su partido, el PMDB, desembarcó de la coalición de gobierno.
La mandataria lo acusó de traición y de orquestar el impeachment para hacerse con el poder, condenándola por maniobras contables que todos sus antecesores habían practicado.

La destitución definitiva se concretó el 31 de agosto de 2016, pero al asumir de forma interina Temer montó de cero un gabinete e inició reformas estructurales, con el objetivo de completar el mandato hasta el 31 de diciembre de 2018.

Aunque la economía da señales de recuperación y el gobierno proyecta una modesta repunte de 0,5% para 2017, el desempleo trepó a niveles récord (13,7%) y afecta a 14,2 millones de brasileños.La congelación del gasto público durante dos décadas, la flexibilización de las normas laborales y un proyecto para aumentar la edad de la jubilación hundieron bajo mínimos la popularidad del gobierno, coinciden analistas.

 

La sombra de Lava Jato 

Por otra parte, al menos ocho ministros de Temer están bajo investigación en el marco del caso Lava Jato, que investiga una masiva red de corrupción en la estatal Petrobras. Casi un tercio del Senado y unos 40 diputados, de prácticamente todos los partidos, también están bajo la mira de la justicia.

El patriarca de la izquierda brasileña, Lula da Silva, se enfrenta a cinco procesos por corrupción, aunque parece pasarle menos factura en los sondeos. A día de hoy, sería votado por el 30% de la población, frente al 15% cosechado por el segundo candidato, indicó Datafolha.

Pero si es condenado y una corte superior confirma la sentencia, el exsindicalista no podrá ser candidato y ese desenlace podría intensificar la polarización del país.

Interrogado por la agencia France Presse, para el doctor en ciencia política Nuno Coimbra, investigador en la Universidad de Sao Paulo, a pesar de que Rousseff había perdido su "capacidad de gobernar", desde el punto de vista jurídico el impeachment fue "altamente controvertido" y dejó secuelas de ilegitimidad en el gobierno actual.

"Podríamos discutir si las reformas son necesarias o no, pero de cualquier manera, no pasaron por el tamiz de las elecciones", sostiene.

 

(Con AFP)

 
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