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Américas

De la deforestación sudamericana a los platos europeos (2/3): ¿las cerealeras saben?

media Argentina y Paraguay autorizan la tala de árboles bajo ciertas condiciones y otorgan autorizaciones hasta en zonas protegidas. Jim Wickens/Ecostorm/2017

Comprar un pollo criado en Francia significa contribuir a la deforestación en países de América del Sur. La ONG Mighty Earth ha revelado que una gran parte de la soja con la que se alimenta el ganado en Europa es importada de Brasil, de Argentina y de Paraguay, donde la producción industrial de soja transgénica está directamente vinculada con la desforestación. RFI y varios medios europeos se asocian para publicar la investigación de Mighty Earth y contar cómo la soja genéticamente modificada acaba en los platos europeos. Segundo capítulo.

Un artículo de Marie Normand y Simon Rozé, traducido al español por Melissa Barra.

El extenso trabajo de investigación de la ONG Mighty Earth reveló que varias empresas multinacionales se encargan de exportar a Europa las cosechas de soja provenientes del Gran Chaco y fomentan así la tala de árboles en la región sudamericana. RFI conversó con algunas de estas empresas.

Dos propiedades ubicadas en la región de Avia Terai, en Argentina, confirman haber vendido granos directamente a la empresa Bunge, el grupo que posee un silo en la zona. Esta multinacional se divide el negocio de materias primas mundiales con Archer Daniels Midland (ADM), Cargill y Louis Dreyfus Company (LDC). A estas compañías se las denomina comúnmente “ABCD”.

Otros productores argentinos del Chaco dicen no saber quiénes compran sus granos. Ellos envían su mercancía a cooperativas ubicadas en Rosario, a 1000 kilómetros más al sur. De este puerto argentino parte la soja hacia Francia. Los cargamentos llegan al país europeo sobre todo por el puerto de Montoir-de-Bretagne, cerca de Saint-Nazaire. En 2017, el puerto vio llegar 1,9 millones de toneladas de soja. “A las importaciones directas que transitan por los puertos franceses, hay que agregar una carga importante de soja que llega a Francia por los puertos de Rotterdam en los Países Bajos y que es casi imposible de rastrear”, destaca Mighty Earth.

Es aún más difícil de seguirle la pista a la producción proveniente de Paraguay. Según la aduana francesa, nada ha sido oficialmente exportado a Francia. “Es normal”, afirma Toby Gardner, investigador en el Instituto de medioambiente de Estocolmo y cofundador de Trase. “Porque Francia sí importa soja paraguaya pero la mercancía pasa primero por Argentina y se confunde con su producto.”

La plataforma Trase fue impulsada en 2016 en la Conferencia sobre el clima de Marrakech (COP22). Con datos provenientes de aduanas o de empresas de transporte, Trase permite identificar en qué tierras han sido producidos los granos y las harinas de soja. Los diferentes tonelajes se soja son luego vinculados a un exportador y a un país de destino, con el objetivo de responsabilizar a los grandes negociantes de soja y a los gobiernos que la adquieren.

Trase permite identificar en qué tierras han sido producidos los granos y las harinas de soja que luego se vinculan a un exportador y a un país de destino. Trease.Earth

¿Imposible rastreo?

Toby Gardner asegura que es imposible que las multinacionales sepan exactamente dónde y cómo son producidos los granos de soja que exportan. “Para evitar transportar contenedores medio vacíos, algunos llegan a abastecerse con granos de la competencia”, explica el investigador. “Hay otra incertidumbre: la soja cosechada por diferentes productores es almacenada en el mismo lugar.”

Sin embargo, las ABCD aseguran luchar contra la tala de árboles. RFI conversó con Hervé de Praigny, dirigente de Cargill France, sobre las acusaciones hechas por Mighty Earth: “No voy a comentar este informe hasta que no lo haya visto. Pero sepan que nos comprometimos, a nivel de la empresa, a reducir la tasa de desaparición de bosques naturales en el mundo de 50% de aquí a 2020”, dijo de Praigny.

Cargill se compromete también a “contener” la desforestación en 2030. “Además, en 2017, en Francia, no importamos ningún producto a base de soja proveniente de Argentina y de Paraguay”, precisó Hervé de Praingny. Las aduanas francesas afirman sin embargo que se trata de informaciones comunicadas por países importadores que alimentan sus bases de datos. Estas informaciones pueden ser controladas a posteriori.

Interrogado por RFI, Bunge respondió de manera imprecisa y aseguró tener un objetivo similar al de Cargill: “Queremos mejorar nuestra cadena de abastecimiento para volverla sostenible y evitar la desforestación”, escribe la empresa. ”Nuestros compromisos y nuestros planes son públicos. Están basados en el rastreo y en una voluntad de aumentar nuestras fuentes de abastecimiento en regiones que sean compatibles con estos compromisos. Desarrollamos también incentivos para que los granjeros trabajen de esta manera.”

Bunge declara trabajar con agencias gubernamentales, con otras empresas y con ONGs para identificar zonas que podrían implementar una agricultura sostenible. En lo que concierne la región del Gran Chaco, la empresa niega participar a la tala de árboles. “Estamos controlando a los granjeros usando imágenes satelitales y herramientas como el Global Forest Watch. No hemos descubierto ningún caso de desforestación vinculada directamente con nuestros abastecimientos locales.”

La Louis Dreyfus Company tiene la misma opinión. “La sostenibilidad está en el corazón de nuestros procedimientos y de nuestras prácticas, sobre todo en la producción de soja.” Con respecto a sus actividades en la región del Gran Chaco, LDC afirma que “no posee ninguna granja o explotación agrícola en Argentina”. La empresa dice aprovisionarse en otras regiones del país y que no “compra sino una pequeña cantidad de materias primas”.

En Argentina, se inician incendios forestales con el objetivo de desarrollar un cultivo de soja. Jim Wickens/Ecostorm/2017

La Louis Dreyfus Company afirma someterse a las directivas de la Agencia americana para el medioambiente (EPA) y niega adquirir granos de soja provenientes de terrenos recién desforestados. En 2016, “40% de la soja obtenida por LDC en Argentina era conforme a las reglas de la EPA”.

RFI estuvo también en contacto con Synacomex, el sindicato francés de exportación de cereales, que reúne las ramas francesas de Cargill y de Bunge. Raphael Latz es miembro de la sección de importaciones de este sindicato. Explica que en el Gran Chaco “trabajamos en proyectos que buscan reducir la transformación de zonas naturales. Hoy, tratamos de imponer reglas para que la soja sea sostenible. Y para que sea sostenible, esto tiene que parar efectivamente”.

Los proyectos mencionados por Latz tienen varias traducciones: son manifiestos, moratorias, compromisos. También se puede hacer referencia al acuerdo firmado por las ABCD hace una década, que prohibía la compra a productores que contribuyeran a la tala de árboles en la Amazonía de Brasil. En Francia, en un futuro, este tipo de medidas se decidirán a través del Synacomex, en la plataforma Duralim.

El objetivo es ambicioso: “a más tardar en 2025, 100% de nuestros abastecimientos serán sostenibles, con cero desforestación”. No obstante, cuando se habla de “cero desforestación” no está precisado si se trata de tala legal o ilegal. Algunos países autorizan efectivamente esta práctica bajo ciertas condiciones y otorgan autorizaciones hasta en zonas protegidas. Es el caso en Argentina y en Paraguay.

Los miembros de la plataforma Duralim deben reunirse en julio de 2018 para definir estos términos. Tal como está redactado actualmente, la medida prohibiría solo el aprovisionamiento de soja cosechada en zonas desforestadas ilegalmente. Aquella que se produce en regiones donde la tala de árboles es legal seguiría siendo accesible.

 

Lea el primer capítulo  “De la deforestación sudamericana a los platos europeos: la soja tóxica”

Puede también consultar aquí los detalles del informe completo "La crisis evitable: la catástrofe medioambiental de la industria europea de la carne".

 
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