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Américas

Raúl Castro entrega un país en obras

media El presidente cubano Raúl Castro junto al primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel. AFP

Los cubanos esperan un cambio histórico esta semana: después 10 años en el poder, Raúl Castro dejará la presidencia el 19 de abril, y a su sucesor la responsabilidad de levantar un país en construcción.

El hermano menor de Fidel Castro  asumió su función en el 2011 con unas reformas de alto impacto pero que todavía no han logrado llegar a los resultados esperados. El objetivo del régimen era llegar a modernizar el sistema económico, abrirse a los capitales privados y exteriores manteniendo como base los principios fundadores de la revolución castrista.

Modernización del país: un balance en claroscuro

Reducir la masa de funcionarios públicos (un millón) y aumentar la eficiencia económica, fue la prioridad de su mandato. Para eso amplió y flexibilizó el trabajo privado en 2010,  lo que dió nacimiento a una nueva categoría de trabajadores independientes: los cuentapropistas. Hoy 580.000 cubanos que representan el 12% de la fuerza laboral, se desempeñan por cuenta propia. Sin embargo el nuevo modelo conlleva nuevas reivindicaciones. Algunos cubanos consideran que se ha creado una nueva categoría de privilegiados y otros denuncian precios demasiado altos. Queda pendiente la realización de las pequeñas y medianas empresas privadas y la reanudación de la entrega de licencias para nuevos emprendimientos, suspendidas en agosto pasado para perfeccionar el modelo. También Raúl Castro rompió con su predecesor y hermano Fidel Castro que prohibía la compraventa de viviendas y de vehículos. Reformó la ley para dar más incentivos a los inversionistas e inauguró el "megapuerto Mariel".

La piedra en el zapato en el aspecto económico además de los cuentapropistas, es la unificación monetaria que había proyectado el líder cubano. En cuba existe dos monedas: el peso cubano de uso interno CUP (1CUC=24 dólares) y el peso convertible CUC (1CUC=1dolar), lo que ha desatado un sentimiento de desequilibrio en un mismo país. Las tasas preferenciales que prevé la ley para las empresas estatales también han generado distorsiones macroeconómicas.

Otro de los proyectos más ambiciosos y más lentos es el de la reforma agraria para luchar contra la pobreza y la escasez de alimentos lanzada en el 2008 por la administración Castrista. En 10 años el gobierno entrego más de un millón de hectáreas de tierras a campesinos privados, concedió microcréditos, flexibilizó la comercialización y mejoró los precios de compra a productores. Sin embargo, Cuba no ha logrado su “independencia” comercial, aún sigue importando 80 % de los alimentos que consume, lo que representa un gasto de 2.000 millones de dólares al año.

Una apertura que tarda en llegar y amenazada por el “gobierno Trump”

Todavía queda pendiente la implementación del sistema de acceso a Internet de los isleños, un tema álgido en la sociedad. Si bien se crearon zonas wifi en plazas públicas, Cuba sigue siendo el país de menor conectividad en el mundo.

Una de los cambios visible ha sido la reforma migratoria, que levantó las severas restricciones a los cubanos  y ha permitido  que cientos de miles de cubanos hayan podido viajar más fácilmente.

Pero lo más destacado del líder cubano fue su nueva línea diplomática, que permitió una nueva relación con su vecino Estados Unidos, el histórico “deshielo”, tras 56 años de ruptura. Este capítulo se escribió el 17 de diciembre del 2014  cuando anunció de manera simultánea con Barack Obama el restablecimiento de las relaciones con Washington. Tres meses después recibió a su homólogo en la Habana, se inauguró la embajada de Estados Unidos en la capital cubana. Pero la llegada de Donald Trump cayó como un balde de agua fría y transformó en barro las nuevas bases diplomáticas que buscaban sellar la paz entre dos enemigos históricos.

Es un país en plena mutación histórica y con un programa “revolucionario” de cambios estructurales que deja a muchos incrédulos por lo lento, que necesitaría por lo menos  10 o 20 años, en una sociedad cada vez más impaciente.

Del uniforme militar al jean

Esta será la herencia que le tocará a Miguel Díaz-Canel, el probable sucesor de Raúl Castro que tomará el mando el 19 d abril próximo. Tendrá que asumir esa segunda fase de cambios. Díaz-Canel, 57 años, nació después de la revolución, por lo cual representa la “nueva” generación. Este miembro “destacado” del Partido Comunista asumirá el fin de 60 años de castrismo con el difícil objetivo de mantener las conquistas de los hermanos Castro. “Ni un advenedizo ni un improvisado” como lo calificó el presidente saliente,  maneja la discreción como su principal arma de defensa y cultiva la sencillez, como su principal arma política. No da entrevistas, sólo habla en actos públicos; no lleva uniforme militar sino “jean” por lo que muchos lo consideran una “personalidad blanda” en relación a los Castro, y que no haría sino retomar la hoja de ruta ya diseñada por el partido comunista y el parlamento con metas hasta el 2030.

Pero los cubanos esperan más bien una aceleración en las reformas que cambios radicales. Sin embargo y según algunos analistas existe el riesgo de que los cambios sean aún más laboriosos puesto que el poder será compartido. Por primera vez el liderazgo del país tendrá dos cabezas: la del sucesor a la presidencia (probablemente Díaz-Canel), y la de Raúl Castro quien seguirá al mando del Partido Comunista Cubano, el PCC. Por su parte, la oposición califica una "falsa transición" porque la nueva presidencia trabajará en consolidar el sistema heredado de Fidel Castro.

Además, el nuevo presidente tendrá que negociar y  rendir cuentas  a los altos mandos militares y políticos que seguirán gobernando desde la sombra. De hecho, aún no se sabe qué papel tendrá en esta nueva configuración el hijo de Raúl, Alejandro Castro. Tampoco su ex yerno Luis Alberto López-Callejas, presidente del poderoso Grupo de Administración Empresarial (GAE), controlado por los militares.

Ante las grandes ambiciones para alivianar la máquina de corte soviético, lo cierto es que los cubanos esperan más resultados y más rápido. Sin embargo, el lema del propio presidente saliente: “sin prisa pero sin pausa” parece haberse convertido en la condición sine qua non para preservar un sistema socialista modernizado y hacer un cambio generacional sin ceder ni a las presiones ideológicas ni a las del tiempo.

 
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