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Américas

Diálogo de sordos entre Daniel Ortega y la oposición

media El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su vicepresidenta y esposa Rosario Murillo, el 16 de mayo de 2018 en Managua. REUTERS/Oswaldo Rivas

Un esperado diálogo nacional comenzó este miércoles en Nicaragua con un presidente Daniel Ortega duramente cuestionado y quien no logró calmar los ánimos tras casi un mes de protestas contra su gobierno que dejan al menos 58 muertos.

Con Patrick John Buffe, enviado especial de RFI a Managua, y AFP

Managua vivió un miércoles de una calma muy relativa. La capital nicaragüense parecía suspendida en el tiempo durante la jornada, marcada por el inicio del diálogo nacional cuya primera sesión fue retransmitida en vivo por una cadena de televisión católica y las redes sociales.

La cita se convirtió en un diálogo de sordos. Las posiciones entre los representantes de la sociedad civil, el sector privado y los estudiantes por un lado, y Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo (vicepresidenta desde enero de 2017), presentes en la salas, se ven irreconciliables.

El clima se tensó rápidamente. Los estudiantes acusaron directamente al presidente Ortega de estar detrás de las muertes de los 58 estudiantes y leyeron los nombres de los jóvenes que fallecieron tras casi un mes de protestas contra su gobierno. El jefe de Estado fue regularmente interrumpido por gritos e increpado por Lester Alemán, un líder estudiantil.

"Venimos a exigirle ahora mismo que ordene el cese inmediato de los ataques. Usted es el jefe de los paramilitares, de sus tropas y turbas adeptas al gobierno", dijo Alemán a Ortega.

El obispo de Estelí, Abelardo Mata, agregó que "esta no es una petición. Es una exigencia que pide la Conferencia Episcopal: que se retire la policía a sus cuarteles, y que dejemos actuar a la CIDH", exhortó el prelado en alusión a la esperada misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Mata señaló que si el gobierno quiere desmontar las protestas, "no es con bala de goma ni de plomo (...) escuche al pueblo (...) ha comenzado una revolución no armada; aquí no está ejército contra ejército, es una población que esta desarmada".

La misión de la CIDH, integrada por 11 miembros llegará el jueves a Managua y permanecerá en el país del 17 al 23, confirmó en la noche el canciller Denis Moncada.

Ante las recriminaciones, Ortega se vio obligado a detener su discurso en las pláticas para afirmar que "no debe seguir corriendo la sangre de hermanos en Nicaragua" y que "la policía tiene órdenes de no disparar" a los manifestantes.

Alegó que "la justicia no es solo para uno; no es que solo de un lado vamos a ver los muertos. Los muertos están de todos lados" y la policía ha sido agredida por los manifestantes.

El gobierno está interesado en hacer justicia por los muertos en el marco de las protestas y "por eso hemos invitado" a la CIDH, dijo Ortega.

El mandatario se preguntó si la policía "debe tolerar" actos vandálicos, encerrarse en los cuarteles y dejar que se aplique el caos para que el país "se llene de venganza, de odio".

En ningún momento Ortega ordenó el fin de la represión, como lo exigían los participantes. Pese a una primera sesión decepcionante, el diálogo retomará el viernes. Hasta entonces, es probable que nuevas manifestaciones se lleven cabo en Managua y en el resto del país.

 
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