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Colombia: crisis humanitaria en la frontera con Venezuela 2/2

Colombia: crisis humanitaria en la frontera con Venezuela 2/2
 
Mujeres esperan ser atendidas por personal de salud, en un albergue para migrantes venezolanos en Cúcuta, 8 de agosto de 2018. REUTERS/Luisa Gonzalez

En los últimos 16 meses, más de un millón de personas han ingresado a Colombia desde Venezuela, huyendo de la crisis económica y política. En el primer capítulo de este reportaje, los llevamos a La Parada, el barrio que colinda con el Puente internacional Simón Bolivar entre los dos países. Una burbuja tensa en la que se concentran las carencias económicas, sociales y de seguridad de la región fronteriza. Estamos ahora en Cúcuta, la capital regional, donde los venezolanos se enfrentan a la dificultad de encontrar un trabajo, acceder a servicios de salud y al rechazo de parte de la sociedad.

Un reportaje de Lucile Gimberg, con la realización técnica de Pierre Zanutto y la selección musical de Paula Estañol.

Cerca del centro comercial Ventura, en Cúcuta, John Merméndez, de 28 años, toca la trompeta con su grupo de mariachis. Todos son venezolanos. Llegaron hace un mes desde el estado de Portuguesa, a 600 kilómetros, en busca de un futuro mejor para sus familias. "Para los cumpleaños, la gente prefiere comprar una torta o hacer para comer que pagar a un mariachi, entonces ya no teníamos trabajo", explica John. Hasta el momento ha podido enviar dinero a su familia. "Si nos va mejor, la idea más adelante es traérnoslos para que no nos haga tanta falta", confiesa.

Familias separadas por la migración, como la de John, hoy hay cientos de miles. En las veredas de Cúcuta, hombres, mujeres, a veces solas con sus bebés, buscan generar algún ingreso vendiendo lo que pueden. "Generalmente estas calles se inundan de vendedores ambulantes y personas que piden dinero, y que son venezolanos", relata el periodista local Charli Spansky. Arriba, en el patio de comidas del centro comercial rutilante, los venezolanos más acomodados hacen escala para almorzar antes de tomar el avión rumbo a otros países de la región como Perú o Chile.

Falta de trabajo y humillaciones

La mayoría de los migrantes venezolanos ven a Cúcuta como una cuidad de paso, una etapa en su éxodo. Pero por falta de dinero y de oportunidades, muchos se quedan aquí estancados. En la Fundación 'Cúcuta Censurados', tenemos cita con dos jóvenes venezolanas.

De apenas 19 años, Brittany y Valentina llevan un año en Colombia y se han topado con la dificultad de encontrar un trabajo en una ciudad donde el desempleo es uno de los más altos del país. "No planeábamos quedarnos en Cúcuta, pero se está haciendo demasiado esforzado, nos conseguimos trabajo como pensábamos y uno recibe humillaciones", relata Valentina. "Más de un colombiano no ha querido contratarnos porque estamos indocumentadas", prosigue Brittany. "Vas a buscar u trabajo y te tratan mal, te dicen groserías", añade Valentina.

Los migrantes venezolanos llegan en un momento en el que han empezado las vacas flacas en Colombia, con un crecimiento más lento, explica Mario Zambrano, economista de la Universidad Libre de Cúcuta, "y peor aún en la frontera". Norte de Santander ostenta "una estructura económica que no genera empleo, una mala calidad del empleo y una actividad económica muy débil", precisa el especialista de la región fronteriza. "Los venezolanos no encuentran empleo y entonces la válvula de escape es la informalidad", agrega.

La violencia de la calle

La falta de trabajo, el apuro por pagar el arriendo, la comida y mandar remesas no dieron otra opción a Brittany y Valentina. Desde hace unos meses, las dos casi adolescentes venden su cuerpo en una plaza de Cúcuta, de las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche. "Eso no es vida, para una mujer eso es lo más difícil que puede existir", murmura Valentina.

La panza de Brittany tensa al máximo su vestido negro y ajustado. Su última ecografía data de hace varios meses. "La salud es una necesidad gigantesca", subraya Juan Carlos Archilla, director de la Fundación "Cúcuta censurados", que ayuda a personas vulnerables, y técnico enfermero en el hospital público de la ciudad. La institución, al borde del colapso, atiende a los venezolanos en los casos vitales "pero no los controles prenatales o las consultas externas gratuitas y hay patologías que no son atendidas en este momento como el VIH", precisa.

En Venezuela, por la falta de insumos y la corrupción, conseguir un pasaporte puede demorar un año o más, de manera que muchos migrantes salen del país con el documento que tienen a la mano.

A pocos días de dejar el poder en agosto, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, regularizó a más de 440 mil migrantes venezolanos que se habían registrado en el censo. Tienen ahora un permiso temporal de dos años que, según el gobierno, les da acceso a servicios de salud, educación y al mercado laboral formal.

Repartir la presión migratoria

Pero ¿quién está dispuesto a contratarlos? Para el presidente de la Cámara de Comercio de Cúcuta, Carlos Luna, el esfuerzo debe ser repartido a nivel nacional. "Hay que integrar a la gente laboralmente y redireccionar el flujo de personas que llegan a Cúcuta, como lo hicieron en Brasil: en Roraima pasaron a los migrantes venezolanos a zonas más desarrolladas del país como Río Grande do Sul y Sao Paulo", propone.

En el edificio principal de la plaza central, nos recibe el alcalde, César Rojas, heredero de un edil condenado por vínculos con los paramilitares. Desde su larga mesa de mármol, da órdenes a sus empleados que bajan la cabeza. Nos explica que su ciudad no aguanta esta presión migratoria, que los venezolanos no se pueden quedar en Cúcuta, y que el Estado tiene la responsabilidad de atender esta crisis humanitaria. En enero pasado, el alcalde llamó a no dar alimentos a los venezolanos para que no se queden en la ciudad.

Xenofobia

Ese mismo mes, pobladores del barrio Sevilla desalojaron con bombas molotov a cientos de venezolanos que acampaban desde hacía meses en la cancha de fútbol de su comunidad. Para el rapero y activista social Jorge Botello alias "Ahiman", la xenofobia se expresa cada vez más abiertamente: "hay una tensa calma y me preocupa que en algún momento esto pueda dispararse. En Colombia hemos visto que conflictos que no se manejan terminan siendo terriblemente manejados a través de la violencia".
 
Según la encuesta de opinión realizada por 'Cúcuta Cómo Vamos' en 2017, seis de cada diez cucuteños ven a los venezolanos como una amenaza para la ciudad. "Sin gente de Venezuela, aquí hay problemas de pobreza, desigualdad, de acceso a la salud de calidad, sin mencionar la educación, entonces aparecen estos discursos del miedo, de la xenofobia y del problema de seguridad y eso lo va incorporando la gente", analiza el economista Mario Zambrano. "Me parece injusto porque parece que se nos olvida que Venezuela fue un lugar de refugio para nuestros no solamente de desplazados por la guerra durante los 80 y 90, sino en la época de la bonanza petrolera, es decir que Venezuela fue un pueblo solidario con nosotros", apunta.

Durante décadas, Colombia fue un país emisor de migrantes por su conflicto interno. Hoy está recibiendo la mayor migración de su historia. Frente a este desafío desconocido, el gobierno pidió la ayuda internacional y propone que la ONU designe a un enviado especial para coordinar una respuesta regional a la crisis migratoria.

 

Entrevistados:

- John Merméndez, músico en un grupo de mariachis venezolanos que migró a Colombia
- Charli Spansky, periodista local
- Brittany y Valentina (pseudónimos), dos jóvenes venezolanas de 19 años que se prostituyen
- Juan Carlos Archilla, director de la Fundación "Cúcuta censurados" que ayuda a personas vulnerables y técnico enfermero en el Hospital universitario Erasmo Meoz en Cúcuta
- César Rojas, alcalde de Cúcuta
- Jorge Botello, alias "Ahiman", rapero y representante de la organización "Quinta con Quinta" que promueve la participación de los jóvenes desde el hip hop
- Mario Zambrano, economista de la Universidad Libre de Cúcuta y especialista de los temas fronterizos.

 


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