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Detroit, entre modernidad y desigualdad

Detroit, entre modernidad y desigualdad
 
Downtown Detroit, barrio financiero y residencial. RFI/Anne Corpet

Durante su campaña de 2016, el presidente Donald Trump utilizó muchos medios para seducir el electorado de Detroit, la capital del Cinturón de Óxido y de la industria automotriz, que estaba recién renaciendo de la bancarrota.

Por nuestra enviada especial a Detroit, Natalia Olivares.

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La socióloga Paula Astudillo vive en Detroit y ha visto cómo la ciudad y sus alrededores fueron cambiando con las fluctuaciones económicas y las políticas sucesivas. “El Downtown un tiempo atrás estaba lleno de edificios abandonados pero hoy lo pueden ver con edificios nuevos, bonitos, limpios, modernos”, cuenta.

En su barrio, South West Detroit, “también ha habido un gran abandono, donde la gente más pobre se quedó y resistió todos estos años. Vuelve ahora un proceso de inversión y de especulación inmobiliaria, de comprar muy barato y a precio de huevo cuadras y cuadras de casas abandonadas, y entonces se empieza a modernizar y a repoblar, y vuelve la gente con dinero”, cuenta Astudillo.

Detroit ahora se fortalece gracias a un nuevo soplo y la política impulsada por el presidente de Estados Unidos, que consiste en inyectar dólares dando ventajas y ayudas fiscales a las empresas. Patrick Driscoll, un jubilado de la industria automotriz, vivió el pleno empleo, la bancarrota y el renacimiento. Hoy es testigo de la otra cara de la moneda en esta ciudad símbolo del lema presidencial “Make America Great Again”: la gentrificación.

“Los altos alquileres, las facturas hacen que son los ricos y multimillonarios quienes compran todos estos terrenos, que ven aquí empujando a los pobres locales. ¡Es verdad! Ellos invierten pero por ejemplo construyeron un gran estadio gracias a las ayudas del Estado que los exonera de impuestos. Y ninguna ayuda para los demás… El vecindario ve cómo construyen altos edificios volviendo todo inalcanzable y al final se termina expropiando a la gente que se aleja cada vez más del centro, dejando lugar a la clase media alta”, denuncia Driscoll.

Si bien el centro de la ciudad renace de sus cenizas y se ha vuelto nuevamente una atracción para turistas, los alrededores viven otra realidad. Patrick Driscoll decidió implicarse en la ONG Detroit Eviction Defense, que ayuda a las familias expropiadas tras el efecto de burbuja inmobiliaria en Detroit: “Ayudamos a cientos de personas que pierden sus casas por expulsiones o por clausuras. La situación es cada vez más grave aquí”, explica.

“Yo fui estafada. En ese lugar donde yo vivo, están tomando todas las casas ya, tomándolas a la gente de menor recurso para hacer como si fuera el Downtown. Y no es justo”, cuenta Jeanette, que añade que seguirá “como quiera peleando por todo”.

Como ella, muchos luchan para poder conservar una casa digna y para quedarse en su ciudad. Sienten que se la están expropiando blancos ricos y los que vienen desde afuera, atraídos por esta nueva oportunidad financiera.

Nancy Rose trabaja en el más poderoso sindicato de trabajadores de la industria automotriz de EE.UU., United Auto Workers, y para ella la baja del desempleo es un hecho, pero los sueldos siguen siendo de los más bajos, y las condiciones de las peores del país.

Para que las grandes corporaciones que fabrican vehículos puedan funcionar, “hay compañías pequeñas, que trabajan regularmente, con obreros que no saben el idioma y trabajan por el mínimo y aun así los roban. (…) Las compañías abusan, no les pagan su tiempo extra o les roban minutos, siempre hay un problema”, comenta Rose.

En estas elecciones reñidas del estado de Michigan, Detroit permanece en el centro del debate con los republicanos que hicieron la campaña iluminando el electorado con cifras económicas espectaculares, y del otro lado los demócratas que se dirigen a los olvidados.

La mayoría de los habitantes de Detroit son afroamericanos (84%) y siguen siendo los más afectados por el desempleo y las expulsiones. Sin embargo, la abstención será el único medidor de la apatía palpable frente a las promesas y los resultados de ambos partidos.

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