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Américas

Las mujeres que apoyan al machista Bolsonaro

media Marcha pro Bolsonaro durante la campaña, el 21 de octubre de 2018 en Río de Janeiro. CARL DE SOUZA / AFP

Las últimas elecciones en Brasil, que vieron la victoria del candidato de extrema derecha nostálgico de la dictadura, Jair Bolsonaro, han evidenciado una división interna en la sociedad brasileña que se ha profundizado entre las mujeres. Una polarización ideológica y política es bastante previsible en presencia de una tendencia extremista, pero los sondeos no esperaban que dicha dicotomía concerniera también a las mujeres.

Por Annalisa Girardi para RFI

Bolsonaro, un excapitán del Ejército, no se precocupó por ocultar sus comentarios machistas y sus convicciones con respecto al papel que la mujer tendría que asumir en la sociedad. Por lo tanto, parecía obvio que su misoginia creara una selección natural entre sus votantes, excluyendo de antemano a las mujeres. La lista de sus comentarios machistas es bastante larga: dijo a una congresista que ni siquiera “merecía ser violada” por ser “demasiado fea” y sostuvo públicamente que las mujeres no ameritaban cobrar el mismo sueldo que un hombre, llevando los expertos a considerar casi imposible para él lograr el apoyo del electorado femenino.

De hecho, una semana antes de la primera ronda de elecciones, muchísimas mujeres salieron a la calle para manifestar contra Bolsonaro, bajo el eslogan “Ele Não” (él no), en la demonstración callejera de mujeres más grande de la historia de Brasil. Sin embargo, los sondeos muestran que las protestas no consiguieron debilitar al candidato ultraderechista. Al contrario, su popularidad creció, sobre todo entre las mujeres mismas.

En los últimos años se ha establecido un movimiento antifeminista entre las mujeres brasileñas de derecha, que rechazan esa retórica y, además de no creer que haga falta un pensamiento de ese tipo en el país, se pronuncian más bien en favor de una vuelta a los papeles tradicionales de hombres y mujeres en la sociedad. Un profesor de la universidad de São Paulo que investigó los contenidos pro Bolsonaro durante la campaña electoral en las redes sociales, encontró que los artículos que criticaban los movimientos feministas fueron entre los más compartidos.

¿Por qué hay mujeres que apoyan a un presidente abiertamente machista?

Criminalidad y violencia son el grande talón de Aquiles del país suramericano. El año pasado al menos 63.880 personas murieron, víctimas de la violencia en Brasil, y Bolsonaro fue muy hábil en instrumentalizar el miedo y el sentimiento de inseguridad de la población para promover sus políticas duras. Después de años en que la violencia criminal se ha propagado por el país, hay una demanda de un poder fuerte, que restablezca el orden. La inseguridad en las calles brasileñas ha favorecido el aumento de la popularidad de Bolsonaro indistintamente entre hombres y mujeres.

Bolsonaro consiguió con éxito hacer su campaña sobre los asuntos de violencia, miedo y crimen. En este cuadro, ya extraña menos que muchas mujeres estén dispuestas a hacer oídos sordos al machismo del presidente, si consideran que sus políticas controvertidas lograrán eliminar el crimen violento que está matando a sus hijos.

Las antiguas formaciones políticas no supieron enfrentar la violencia que sigue aumentando en Brasil, y ahora la población ve una solución en un hombre que se proclama él mismo violento. La estrategia de Bolsonaro para acabar con la violencia en la calle consiste en responder con la violencia del Estado. El exmilitar ha prometido empoderar a las fuerzas de seguridad, reforzar las penas para los criminales, instaurar la castración química para los violadores, facilitar la posesión de armas para la defensa de los ciudadanos, y se ha mostrado a favor de la tortura.

Muchas mujeres no piensan que sea posible extirpar la violencia con más violencia y advierten de que los policías brasileños, uno de los organismos de seguridad entre los más violentos de América Latina, han ellos mismos provocados muchos muertos, principalmente hombres jóvenes, sin tener que rendir cuentas a nadie. Bolsonaro está dando más poder a la policía pidiéndole menos rendiciones de cuentas, y aunque muchos se opongan, también hay mucha gente que se sentiría más segura con la implementación de estas medidas.

“Nosotras, como mujeres, nos sentiremos mucho más protegidas si Bolsonaro mandara en este país”, declaró Sara Winter, una representante de la derecha joven en Brasil. Su caso es bastante peculiar: si ahora es una de las caras más conocidas de la tendencia conservadora en el país, Sara empezó su carrera como activista estableciendo el movimiento Femen en Brasil. Ahora se opone fuertemente al feminismo, se describe como una “feminista curada” y critica al movimiento por luchar por cosas que las mujeres no necesitan, utilizando un discurso extremista y tan sectario como el machismo.

En una entrevista con Europa Press, Winter recuerda cuando odiaba a Bolsonaro por sus comentarios sobre las mujeres, pero ahora considera que es la mejor opción para el país. “Nuestra generación de jóvenes está recogiendo los frutos que la generación anterior ha plantado. La generación de tratar a las víctimas de la sociedad con amor, que ha resultado ahora en la generación más violenta de todos los tiempos”, explicó la activista subrayando la necesidad de una persona que ponga orden en la política.

Esta necesidad es tan grande que no importa si está impuesta con la fuerza. Mientras muchos críticos de Bolsonaro denuncian su abierta admiración hacia la dictadura militar brasileña (1964-1985), Winter afirma que fue una medida necesaria para impedir el avance del comunismo en Brasil. “Si la dictadura termina con todo eso, le damos la bienvenida”, dijo otra votante de Bolsonaro, entrevistada por el New York Times.

Al igual que las posiciones muy controvertidas sobre la dictadura, también los comentarios machistas de Bolsonaro son defendidos por sus partidarios en nombre del cambio que el candidato ultraderechista supuestamente va a aportar en la sociedad brasileña. Muchas mujeres que votaron al candidato ultraderechista se dieron cuenta del sexismo de sus declaraciones, aunque las justificaron como chistes quizá un poco ofensivos, pero justamente debidos a su “estar cansado de lo políticamente correcto”, un concepto que está asociado con las clases políticas anteriores, totalmente rechazadas por la sociedad brasileña.

Reflejo de su sociedad, las mujeres de Brasil han cambiado su discurso a la hora de hablar del empoderamiento femenino. La violencia no es un fenómeno relacionado sólo con el contexto de las favelas, sino que concierne a cualquier clase social, también a las más altas. Entre las mujeres más prósperas se han difundidos unos ideales extremadamente liberales, por los cuales el Gobierno no debe encargarse de protegerlas, sino que tiene que proporcionar las medidas para que lo hagan ellas mismas. Muchas de estas mujeres han votado a Bolsonaro por su programa de registro de armas para la defensa personal.

Katia Sastre es una expolicía que fue elegida este año en el Congreso. Durante su campaña electoral enseñó un video en que mató disparándole a un hombre armado que intentaba robar a un grupo de personas fuera de un colegio. Aunque estuviera fuera de servicio, Sastre llevaba su arma que utilizó para disparar tres tiros al agresor, también después de que él se cayera herido al suelo. Bolsonaro “nos está dando la oportunidad de defendernos y en esto reside el verdadero empoderamiento femenino”, declaró en una entrevista con el New York Times.

Está claro que las mujeres que votaron a Bolsonaro piden un cambio sistemático. Pero, ¿a qué precio?

Esta semana Bolsonaro ha anunciado su equipo con el cual llevará a cabo la transición gubernamental. Entre las 27 personas nombradas no hay ni una sola mujer. Asimismo, están totalmente ausentes los afrobrasileños.

La falta de representación femenina en los organismos de poder brasileños va más allá. En las elecciones generales de 2018 las mujeres obtuvieron sólo 54 escaños de los 513 en la Cámara de los Diputados, y 13 de los 81 en el Senado.

Aunque Brasil haya aprobado una ley electoral que obliga a los partidos a tener una cuota mínima del 30% de mujeres entre los candidatos, se trata de una norma obsoleta. Muchas formaciones políticas registran a las mujeres necesarias para que se cumpla con la ley, pero no preparan una campaña electoral que las incluya de manera que al final no son elegidas. Según datos de la Unión Parlamentaria, Brasil es el país suramericano con menos participación parlamentaria femenina, ocupando el lugar 154 entre los 193 países investigados.

De hecho, puesto que las mujeres no participaban en el Parlamento, en el Senado Federal de Brasil –inaugurado en 1960– se construyó un baño para ellas hace sólo dos años. Antes de 2016, las inusuales visitantes utilizaban los servicios del restaurante al lado.

 
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