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Asia Pacifico

El Gran Dragón se asoma a la cima del mundo

media La fisonomía de las ciudades chinas ha cambiado radicalmente en los últimos años. ©Reuters

Ya es oficial: la economía china supera a la de Japón y se coloca como la segunda potencia del mundo. En el último lustro el gigante asiático ha devorado a Reino Unido, Alemania y Japón. La pregunta ahora es: ¿cuándo alcanzará a EEUU?

El tiempo pasa muy despacio para la cultura China, un Gran Dragón que duerme sobre un nido de miles de años: 4709, según su calendario. Pero hace dos décadas las grandes reformas económicas de Deng Xiaoping desperezaron a ese increíble animal que se puso a sobrevolar las montañas económicas del mundo. Desde hoy, es oficial: su economía ha superado a la de Japón y es la segunda potencia del mundo. Se ha encaramado con sus garras a la penúltima roca del mundo. Delante suyo sólo hay un peldaño: lo ocupa Estados Unidos.

Los datos económicos presentados este lunes por Japón confirman una nueva realidad que cambia la jerarquía mundial imperante desde hace 42 años. El Producto Interior Bruto (PIB) de Japón ha crecido un 3,9% en 2010, es decir, su economía alcanzó un valor de 5,4 billones de dólares. Podría decirse que no es un mal dato, a tenor del contexto de crisis mundial, pero en ese tiempo el Gran Dragón chino aleteaba a un ritmo del 10,3% del PIB, alcanzando un valor total de 5,8 billones.
 
La economía china es ahora 90 veces mayor que cuando Deng Xiapoing abrió al mundo las compuertas del gigante. En este tiempo, su tasa de crecimiento media anual ha sido cercana al 10% y, en plena crisis, cuando los demás países se volvían mustios, los pulmones del Gran Dragón siguieron funcionando a pleno rendimiento.
 
“No importa si el gato es blanco o negro, con tal de que cace ratones", decía Deng Xiaoping para justificar su reformismo ante la vieja guardia del Partido Comunista de China, que en aquella época se asentaba en el inmovilismo y los descombros de la desastrosa Revolución Cultural.
 
Ante la fuerza de esa enigmática frase hasta el tiempo se encoge. China superó en 2005 a la economía de Reino Unido. En 2007, Alemania tuvo que apartarse de su camino. Ahora es Japón el que sucumbe. La pregunta es ¿cuándo sobrepasará a Estados Unidos?
 
El PIB estadounidense asciende a 14,26 billones de dólares, casi tres veces más que el chino. Pero los pasos se acortan a paso de gigante. Hace un par de años, las previsiones apuntaban que China superaría a Estados Unidos en 2030. Poco después, el banco de inversiones estadounidense Goldman Sachs adelantó esa fecha a 2027 y en junio del año pasado el Banco Mundial apunto a qué esa situación puede suceder en 2020. Cada mes terrestre parece un año para China: un informe de la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC) de enero adelanta ese acontecimiento a 2018.
 
China está redibujando el escenario económico del mundo, aunque también el político e incluso el militar (quizá una consecuencia del primer factor). Las empresas estatales chinas se extienden por el mundo y compran ingentes cantidades de materias primas. Por ejemplo: utiliza más de la mitad del mineral de hierro mundial y más del 40% del acero. En 2009, desplazó a Estados Unidos como mayor mercado de automóviles y a Alemania como primer exportador del planeta. Más datos: uno de cada tres ordenadores se vende en China, cuatro de las mayores empresas por capitalización bursátil son chinas -entre ellas la petrolera Petrochina y el Banco Industrial y Comercial-, cada semana se crea una central eléctrica en China y en dos años se han construido unos 10.000 kilómetros de autovías. Es el reflejo en cifras del país más poblado del planeta y que cuenta con una población activa de 750 millones de personas.
 
La otra cara de la moneda: un país de grandes desigualdades
 
La fuerza de 1.300 millones de habitantes es su fuerza motriz y su debilidad. Si el PIB chino ya es el segundo del mundo, su renta per cápita es la 91 del mundo, según datos del Banco Mundial de 2009. Es decir, mientras el desbancado Japón tiene una renta per cápita de 32.443 dólares, la China es de tan sólo poco más de 6.000. Para mantener la paz social, China tiene que generar empleo, y para ello tiene que generar crecimiento cercano al 10%, menos de eso, aumenta el desempleo.
 
Por eso, el Gobierno chino se enfrenta a críticas externas e internas. Su política expansionista ha causado grandes desigualdades dentro del país, donde se pueden ver coches de lujo y millonarios en la ciudad en contraposición a la miseria de las zonas rurales o los bajos salarios de los trabajadores de su industria.
 
Millones de chinos trabajan en condiciones de semiesclavitud, con horarios interminables y unas precarias condiciones de vida, a pesar de que China ha sacado de la hambruna a millones de ellos. Las amenazas de huelga, comienzan a asomar.
 
Y en el exterior, no todo es alfombra roja para China. Para mantener su voracidad exportadora china ha mantenido su moneda artificialmente baja, lo que le ha reportado todo tipo de enfrentamientos con Estados Unidos y otra realidad amenazante: la inflación, que ha subido hasta el 3,3% en 2010. Ahora tienen que encontrar la fórmula para mantener el nivel de precios sin dañar el crecimiento y, en consecuencia, los niveles de empleo. De momento, ha incrementado dos veces los tipos de interés y siete veces la cantidad de dinero que deben mantener los bancos en reserva para controlar los créditos en los últimos tiempos. Ésa es la forma de la roca que tiene que escalar para alcanzar la cima. 

 
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