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Juan Carlos Mondragón, 'Bruxelles piano-bar' en francés

Juan Carlos Mondragón, 'Bruxelles piano-bar' en francés
 
Juan Carlos Mondragón en los estudios de RFI Foto: Jordi Batallé/RFI

La editorial francesa Seuil acaba de publicar la traducción de Bruxelles piano-bar, novela que el escritor uruguayo Juan Carlos Mondragón publicó hace unos años en la editorial Seix Barral.

En Bruxelles piano-bar Juan Carlos Mondragón nos invita al Montevideo de los años noventa, donde el personaje principal, un periodista y crítico cultural, afectado por el clima de violencia, opta por un exilio imaginario en Bruselas.
 

Juan Carlos Mondragón nace en Montevideo en 1951 donde se licencia en el Instituto de Profesores Artigas y más tarde ejerce la docencia en la enseñanza secundaria.

Portada de la traducción francesa.

La extrema violencia de unos asesinatos en Montevideo, en Laguna Guacha, marca profundamente al protagonsitra de tu novela. ¿Qué se puede escribir cuando uno se ve enfrentado a una brutalidad desmesurada?

Sí, esto es lo que decía Adorno: después de Auschwitz ya no se puede escribir poesía. Y después, se escribe poesía. Después de la violencia de Troya, se escribe la Ilíada, después de la conquista, se escribe El Quijote. La fuerza de Eros, en el sentido de fuerza creativa, siempre tiene que ser más fuerte que la pulsión de muerte. Creo que ese es el fenómeno de la escritura. Lo que me parecía es que ninguna sociedad sale indemne del franquismo o del fascismo musoliniano, siempre quedan trazas de una violencia que se designa y la veo en dos aspectos: la violencia gratuita de los adolescentes, una especie de Naranja mecánica del subdesarrollo, con Colombine y otros ejemplos. Y el otro, como en America Latina, y en otras sociedades, la violencia contra la mujer, es un hecho innegable, una especie de enfermedad del hombre post-moderno. Con diferentes variaciones en America Latina, en Europa y en todos lados.

Portada de la edición en castellano.

El exilio es la solución por la que opta tu personaje, aunque sea un exilio interior. ¿Fue un exilio interior lo que viviste en los años ochenta? 

Sí, lo fue de alguna manera. O te vas y te encuentras en Australia con la nostalgia de no poder volver, o te quedas en el mismo sitio y te armas con estrategias de defensa, como montar una banda de rock, disfrazarte como David Bowie, estudiar teatro. Las estrategias de defensa son interesantes. Y yo quería evitar también el modelo parisino. Tenía la ventaja de conocer París y me esforcé para hacer un viaje de dos años a otra ciudad, a Bruxelles. La fui recorriendo y me encontré con Brel, Magritte, Maurice Chevalier, Django Reinhardt, Audrey Hepburn... Cuando empiezas a sumar las cosas que han aportado los belgas al mundo es formidable.

 

 

 

 

 

 

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