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Una gesta de ‘los tiempos modernos’

Una gesta de ‘los tiempos modernos’
 
Maurice Garin, vencedor del primer Tour de Francia en 1903. wikipédia

En Paisajes y Leyendas les contamos la historia de cómo se gestó la vuelta en bicicleta a Francia en 19 días. El Tour de Francia nació con el siglo XX: una época en que la inventiva de los hombres permitió el avance imparable de las comunicaciones y los medios de transporte. La bicicleta, los ferrocarriles, el automóvil, el aeroplano, el telégrafo y el cine dieron gloria al movimiento.

En el año 1903, la magia de George Méliés hizo posible el primer “viaje a la Luna” y la inventiva de los hermanos Wrigth dio lugar al primer vuelo a Estados Unidos. Ese mismo año se llevó a cabo la Exposición Universal en París al mismo tiempo que, del otro lado del Atlántico, se creaba la fábrica de automóviles Ford. Era el momento estelar del tornillo, el telégrafo y los ferrocarriles. También ese mismo año, a Géo Lefèvre, redactor del diario deportivo L’Auto, se le ocurrió la idea de pedalear en bicicleta por toda Francia. Movido por la ambición de ganarle en ventas a su rival el diario Vélo, el director de L’Auto, Henri Desgrange, hizo eco a la idea de Lefèvre.

Desgrange, conocido como “El Patrón”, hizo todo cuanto estuvo a su alcance para dar curso, el 1 de julio de 1903, a la mayor prueba ciclista del mundo. “Una prueba monstruosa llamada a causar sensación”, escribió el diario Le Figaro. “Una carrera gigantesca. Un concurso grandioso“, dijo el periódico Le Soleil.

2.428 kilómetros, divididos en tan sólo seis etapas: Lyon, Burdeos, Toulouse, Marsella y Nantes. Una ruta dolorosa en la que 60 ciclistas dieron prueba de que el cuerpo es capaz de escarbar por los más recónditos parajes de la resistencia y la agonía humanas.

Vestidos con una indumentaria entre astronautas y cualquier otra cosa, 60 corredores partieron de Montgeron, un barrio de la periferia sur de París. Pero no pudieron arrancar su pedaleo desde la zona previamente señalada. Tuvieron que cargar primero sus bicicletas y caminar, entre risas y charlas, 600 metros más allá de la salida, obligados “por trabajos de última hora en la carretera”.

La bandera que dio la largada del primer Tour de Francia era de color amarillo como las páginas del diario L’Auto, donde había sido concebida la vuelta ciclista. 16 años después, nacería el “maillot amarillo”. Los ciclistas del primer pelotón iban llevados por la emoción de esta audacia desconocida y los 6.000 francos ofrecidos como premio. Pero sólo 21 de los 60 que arrancaron lograron llegar a París, la meta final.

Maurice Garin, ganador de la primera etapa y dos más, se llevó la victoria final de este primer Tour con una ventaja de 2 horas 49 minutos y 21 segundos de avance sobre el segundo corredor. Un tiempo que en el cronómetro de ciclismo de hoy, un siglo después, equivale a un año luz.

Garin sigue batiendo el récord del ciclista con mayor diferencia de tiempo entre el primero y el segundo del Tour. El último en llegar a la meta en París, ese 19 de julio, fue Arsène Millocheau con 67 horas, 47 minutos y 22 segundos de diferencia. Y en su caso, mejor no hacer cuentas.

Después de subir al podio como el mejor ciclista del mundo, Garin contó a los periodistas que cubrían el magno evento que había llorado, sufrido, padecido hambre y sed durante la carrera. “La más abominablemente dura que haya existido”, dijo. “Ustedes han revolucionado la historia del ciclismo”, sentenció, no sin razón, el vencedor del primer Tour de Francia.
 

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