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Refugiados en Hamburgo, la otra cara de Europa

Refugiados en Hamburgo, la otra cara de Europa
 
Niños en un centro de acogida de Hamburgo, este 18 de septiembre de 2015. Reuters

Según las autoridades alemanas, cada día llegan alrededor de 400 nuevos solicitantes de asilo a la ciudad alemana de Hamburgo. Las previsiones del Ejecutivo apuntan a que este año Alemania recibirá alrededor de 800.000 refugiados, cuatro veces más que el año pasado. Nuestra colaboradora Yasna Mussa estuvo en el Centro de Convenciones Messehalle, convertido en centro de acogida de los migrantes.

Por Yasna Mussa.

Son las 9:30 de la mañana en el Centro de Convenciones Messehalle de Hamburgo. Pese al frío del recién comenzado otoño, el movimiento ya es general y ocupa cada espacio del gran salón. Entre camiones y grúas que transportan enormes cajas, un grupo de personas ordena de manera metódica la ropa y los accesorios que repletan miles de bolsas. Seleccionan por tipo, tamaño, colores y género. Es, a simple vista, una empresa que funciona con profesionalismo ejemplar.

Messehalle, que ocupa toda una manzana en el céntrico barrio de Karolinenviertel, es un espacio que acostumbra a recibir eventos y exposiciones masivas, pero hoy está abierto para acoger a más de mil refugiados y dar cabida a la logística y selección de las donaciones entregadas por los vecinos de Hamburgo.

Esa fue la motivación de Niklas Heimbokel, quien supo de la iniciativa cuando recién comenzaba a plantearse y quiso ayudar durante algunas horas por semana. Sin darse cuenta, se involucró más de lo esperado, asumiendo el liderazgo de la organización, algo que para él va más allá de una ideología política: “Tratamos de dejar este espacio lo más lejos de la política que podamos porque esta casa es para ayudar. Aunque muchos acá podamos tener visiones similares en política, estamos aquí para ayudar. No estamos aquí para criticar lo que está pasando. Estamos aquí al servicio de la gente que está viniendo a Hamburgo”.

Como éste, existen otros 14 campos de refugiados repartidos en esta ciudad al norte de Alemania y que hoy suman a más de 20.000 personas llegadas principalmente de Siria, Afganistán, Irak o Yemen. Los que hacen posible esta rutina de solidaridad son voluntarios. Estudiantes, trabajadores o jubilados que decidieron poner manos a la obra para mostrar otra cara de Europa y concretar el mensaje que se instala en la entrada: “Bienvenidos refugiados”.

Esta imagen, diferente al cierre de fronteras y control policial que han aplicado algunos países, significa una esperanza para los refugiados que han cruzado más de cinco naciones escapando de guerras y miserias. El 60% de ellos son sirios y ocupan la prioridad en la lista de solicitantes de asilo. Es el caso de Wassim Hassan, un ingeniero mecánico de 29 años que llegó hasta Hamburgo junto a sus primos: “Sólo espero que mi esposa y mi pequeño hijo estén a salvo. Cuando mi familia esté acá y encontremos un lugar seguro, espero poder comenzar a trabajar e iniciar un futuro”.

Aunque Messehalle funciona en gran medida gracias al voluntariado, la parte logística del centro, que incluye comida, abrigo y servicios higiénicos, está a cargo del gobierno alemán, que piensa recibir este 2015 unas 800.000 solicitudes de asilo. Wissam Hassan espera ser uno de los beneficiados: “El gobierno alemán ha dicho ‘Bienvenidos refugiados’ y por eso nosotros estamos acá. Pienso que todos los países europeos se parecen, pero creo que Alemania es mejor y el gobierno está dando la bienvenida a los refugiados y es bastante bueno con los sirios”.

Estos aires de optimismo se han visto amenazados por otro sector de la sociedad, que ha manifestado su rechazo a la llegada de los refugiados, generando un clima de incertidumbre y hostilidad respecto al futuro y las integraciones de las familias forasteras. Para Bárbara Rojas, voluntaria chileno-alemana, estos grupos son una minoría y sus ataques han llevado a gente que todavía no se había posicionado a defender a los migrantes.

Mientras los refugiados fuman y conversan bajo la lluvia al final de la tarde, un grupo de alemanes instala unos letreros en las ventanas del centro Messehalle. Ofrecen talleres de costura, pintura, guardería para los niños y clases de alemán. Ofrecen una ilusión a quienes lo han perdido todo y esperan reconstruir sus vidas en Europa. Una vez a salvo, cualquier obstáculo se vuelve un detalle y la incertidumbre, la mejor apuesta.

Entrevistados: Niklas Heimbokel, voluntario alemán, Wassim Hassan, ingeniero mecánico sirio, y Bárbara Rojas, voluntaria chileno-alemana.
 

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