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Lesbos, la isla donde Europa muestra su cara

Lesbos, la isla donde Europa muestra su cara
 
Un barco de refugiados llega a Lesbos, el pasado 11 de octubre de 2015. REUTERS/Fotis Plegas G

La pequeña isla griega de Lesbos, de 85.000 habitantes, es uno de los puntos calientes en la ruta de los inmigrantes que llegan masivamente a Europa a través de Turquía. A pesar del trabajo de los voluntarios y las organizaciones internacionales, las autoridades están desbordadas frente a este drama humanitario.

A través de sus binóculos, el británico Eric Kempson nunca pierde de vista el estrecho de menos de seis kilómetros que separa las costas turcas del norte de la isla de Lesbos, la tercera más grande de Grecia que ha pasado a convertirse en los últimos meses en la principal entrada de refugiados a Europa.

De ser un artista dedicado a la talla de madera, Eric ahora coordina la primera ayuda que reciben miles de sirios pero también afganos, iraquíes, iraníes y africanos cuando desembarcan en esta parte de Lesbos. Más de 200.000 personas han desembarcado en estas playas desde comienzos del año, la mitad de ellos en verano.

Numerosos voluntarios atienden a los refugiados en la isla de Lesbos

“A esta isla siempre han entrado refugiados, pero al comienzo del año empezamos a recibir muchísimas mujeres y niños que venían de Siria, de la guerra. Y una mañana de febrero, yo estaba caminando y encontré una muñequita y un salvavidas pequeño. Así fue que empezamos a ayudar”, cuenta Eric.

La casa-taller que Eric comparte con su hija y su esposa Philipa ha terminado por convertirse en el centro de operaciones donde decenas de voluntarios, la mayoría provenientes de otros países europeos, le ayudan con la organización de las donaciones que llegan gracias a los videos que él cuelga en su cuenta Youtube o Facebook.

Es el caso de Ferali, una holandesa de 21 años que se unió a ellos a través de la organización Boat Refugee Foundation, que tiene como misión ayudar a los que llegan. “Esta semana llegó un joven que no podía caminar porque su pie estaba torcido. Y en el otro tenía una herida ocasionada por una bomba. Yo lo estaba llevando en el carro hasta la población siguiente cuando me mostró una foto de su padre. Ese mismo día que había desembarcado una bomba había explotado en la casa de su padre y en la foto se le veía en un hospital lleno de heridas”, relata la joven voluntaria.

Un despliegue limitado de las organizaciones internacionales

En la playa algunos equipos médicos asisten a los que llegan con problemas o han tenido mal viaje. Otros dan apoyo a las madres con sus hijos y reparten ropa entre los más mojados. Aunque la ayuda de organizaciones internacionales se ha incrementado, especialmente desde que el pequeño Aylan Kurdi muriera al intentar cruzar estas aguas, todavía el despliegue es mínimo.

Anna Gorodisher es la coordinadora de Israaid, otra de las organizaciones que dan asistencia a los refugiados que desembarcan. Si bien el promedio es de 2.500 cada día, en ocasiones han desembarcado hasta 5.000.

“Mi experiencia es que cada vez que llegan a Grecia, están llenos de júbilo. Ellos sienten que han alcanzado la paz, han llegado a su tierra prometida. Pero cuando desembarcan no saben que de hecho hay un camino muy, muy largo adelante. No saben que tienen un trayecto de 8 o 9 horas caminando con sus familias, sus maletas y los niños hasta llegar a los centros de tránsito donde se pueden registrar para luego tomar el ferri e ir hacia Atenas y de allí seguir adelante”, explica Anna Gorodisher, y añade que para ella, la necesidad es facilitarles el viaje hasta los centros de tránsito.

Si tienen suerte, los refugiados podrán encontrar cupo en uno de los autobuses dispuestos por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), pero muchos caminan, teniendo que dormir muchas veces a la intemperie en medio de la carretera. En ocasiones, voluntarios hacen caravanas para llevarlos en carros privados ya que el transporte público tiene prohibido llevar refugiados sin certificación, pero muchos locales son reticentes a ayudar pues temen motivar a más refugiados a seguir viajando a la isla.

A pocos kilómetros de estas playas, en el pintoresco puerto de Molyvos rodeado de tabernas griegas y construcciones de piedra, guardacostas registran los nombres y nacionalidades de los 57 tripulantes de un rescate del que fuimos testigos. Los funcionarios no tienen autorización para hablar pero dicen que a pesar de que hacen lo que pueden, no dan abasto para dar apoyo en esta agua.

Lesbos, una puerta de entrada hacia otros países de Europa

Mahnaz, una joven de 20 años proveniente de Ghazvi, en Afganistán, tuvo mucho miedo durante el viaje pero llegó salva. Dejó su país, explica, porque “está en guerra, no podemos vivir más allí. Yo no puedo estudiar, mi hermana tampoco. No podemos vivir más allí, hay talibanes, hay ISIS, y esa gente tiene grandes problemas con los humanos, con los seres humanos. Especialmente con las mujeres”.

Rania, una profesora de inglés que viaja con sus dos hijos y su sobrino, no tiene claro adónde va. Sólo busca un lugar seguro para ella y los niños, lejos de “las peleas, la guerra, las masacres, las matanzas”.

Según cálculos preliminares de ACNUR, alrededor del 50% de los refugiados que llegan son adultos, algunos acompañados de menores. El resto son familias. Un 30% son menores de edad. Djamal Zamoum, coordinador de ACNUR en Lesbos, explica que “la diferencia de esta situación con otros refugiados es que los que llegan aquí siempre están en movimiento hacia otros países. Esto vuelve difícil una intervención a largo plazo para ellos. (…) [Las autoridades] están haciendo lo posible para dejarlos salir hacia tierra firme lo antes posible”.

Las autoridades desbordadas no cuentan con ayuda suficiente

Desde que a principios de septiembre se dieran enfrentamientos entre afganos y sirios, las autoridades se movilizaron para tratar de agilizar el proceso de salida. Para entonces 30.000 refugiados esperaban ser evacuados de la isla y las tensiones estuvieron a punto de crear un caos. Los sirios acusan a los afganos, que cada vez llegan en mayor número, de aprovechar la situación. Y los afganos preguntan por qué los sirios tienen prioridad si en su país están en guerra desde hace más de 30 años.

Las autoridades reaccionaron trayendo más barcos y agilizando los registros en dos campos, uno para sirios y otro para el resto de los refugiados. Pero mientras el proceso para los sirios tarda unas horas, el resto tiene que esperar más de tres días, lo que ha causado problemas en el campo de Noria: “Ayer vinimos a hacer el proceso de registro pero la gente estaba reclamando. La policía se involucró y terminó utilizando bastones y gases lacrimógenos para dispersarnos”, cuenta Ali, un periodista iraní perseguido en su país.

En Lesbos, los 85.000 habitantes reconocen el dolor de los que llegan pero muchos también se sienten afectados, como Dimitris, dueño de una agencia de turismo, que asegura que el turismo ha sufrido mucho de la situación.

Desde su oficina, Spiros Galino, el alcalde de Lesbos, observa el puerto de Mytilini, donde los ferris estacionan y los refugiados están a la espera de embarcar. “Hemos creado tres centros de recepción”, explica, “y estamos planeando crear otros dos. (…) Es importante que todos seamos conscientes de que un crimen se está llevando a cabo en estas aguas. Mucha gente se ha ahogado tratando de cruzar hacia Europa y los contrabandistas trafican con personas cada día, ganando grandes sumas de dinero”.

“Hasta ahora no hemos recibido ninguna ayuda de Europa”, prosigue el alcalde. “Europa y los líderes europeos deben entender que el corazón de Europa late actualmente en Lesbos. Cuando los emigrantes y refugiados llegan aquí, les decimos: ‘Bienvenidos a Europa’”.
 

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