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La reconquista de la diplomacia rusa

La reconquista de la diplomacia rusa
 
Vladimir Putin y Bashar al-Asad, el pasado 21 de octubre de 2015 en Moscú. AFP/RIA NOVOSTI/AFP

Hace ya casi un mes Rusia comenzó a bombardear posiciones de yihadistas en suelo sirio, consolidando así su alianza con Damasco. Una decisión que muestra también la estrategia diplomática del Kremlin que va dejando la discreción para ser nuevamente un protagonista indiscutible en el panorama internacional.

Rusia le impone su agenda a las grandes potencias. Moscú convocó este viernes a los representantes de la diplomacia estadounidense, turca y saudí en Viena para discutir de la guerra en Siria. Una consecuencia directa de la reunión sorpresa en el Kremlin de hace algunos días entre los aliados indefectibles Vladimir Putin y el sirio Bashar al-Asad.

Por si fuera poco, hace unas semanas el presidente Putin fue a la tribuna de las Naciones Unidas a abogar por una solución política en Siria que incluya a Al-Asad. Abundan las pruebas de que el Kremlin ha tomado las riendas del caso sirio, sobre todo desde que bombardea posiciones yihadistas en este país. Para los observadores, Rusia ocupa nuevamente un espacio preponderante en la escena internacional.

Adolfo Laborde, profesor investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades del Tecnológico de Monterrey en México, sostiene que “Rusia, desde hace algunos años, ha venido recuperando sus espacios a través de la intervención directa e indirecta en conflictos regionales”.

El especialista en política rusa Miguel Vázquez Liñán, catedrático en la Universidad de Sevilla, considera por su parte que “una vez que Rusia ha intervenido como potencia militar en el conflicto de Siria, crea una nueva situación ante la cual ya es imposible no contar con ellos”.

Al mismo tiempo que la influencia rusa se expande, la europea disminuye. Europa no fue invitada a la reunión de Viena, que según Miguel Vázquez Liñán, “es una reunión entre aquellos que ahora mismo están protagonizando la intervención militar”.

“Lo que está haciendo Rusia”, prosigue, “es aprovechar una serie de grietas, como los errores y problemas que ha habido en las intervenciones en Oriente Medio, y poner de manifiesto estas contradicciones, sin aportar nada nuevo desde mi punto de vista, pero incluyéndose a sí misma como un actor ninguneado durante varios años”.

La visión rusa y europea de las relaciones internacionales difieren mucho: para Putin, señala Miguel Vázquez Liñán, “la guerra es prácticamente el estado natural de la civilización y los periodos de paz solamente se consiguen con una gran fuerza militar y con el diálogo entre las grandes potencias”.

Mantener la influencia del país quiere decir conservar su base militar en Siria, que es la única salida al Mediterráneo, bloquear la presencia de la OTAN liderada por los estadounidenses e influir en el juego de las potencias del Golfo.

Adolfo Laborde subraya que “en caso de que se debilite, se elimine o se logre controlar la expansión del Estado Islámico, no va a haber un condicionamiento para que el gobierno sirio salga del puesto”, ya que “Rusia pondrá su mayor énfasis en mantener su influencia porque el hecho de que salga el gobierno de Al-Asad le quita una importante presencia en la región”.

Los conocedores del tema piensan que el Kremlin ya tiene en sus cajones un plan muy detallado de transición en Siria. Y no va a dudar en tratar de imponerlo en las próximas citas internacionales.

Mientras que Putin y su canciller Serguei Lavrov mueven sus fichas en el extranjero, en la escena nacional cosechan los frutos de su política ofensiva y su discurso imperial.

Entrevistados: Adolfo Laborde, profesor investigador de la Escuela Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades del Tecnológico de Monterrey en México, y Miguel Vázquez Liñán, catedrático en la Universidad de Sevilla.

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