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El viacrucis de los migrantes en Grecia

El viacrucis de los migrantes en Grecia
 
El campo de Idomeni, en la frontera de Grecia con Macedonia, el 1 de marzo de 2016. REUTERS/Alexandros Avramidis

En Grecia, varias ciudades se convirtieron en campos de refugiados a cielo abierto. Desde que algunos países europeos cerraron sus fronteras a los refugiados de Medio Oriente que huyen de la guerra, cerca de 50.000 migrantes están atrapados en este país, sin poder continuar su camino hacia el exilio.

Un reportaje de nuestro enviado especial Raphaël Morán.

En la frontera norte de Grecia, en el pueblito de Idomeni, una planicie que hasta hace un mes era un simple campo se convirtió en un mar de carpas en las que viven 11.000 refugiados, en su mayoría sirios y afganos. Huyen de la guerra pero su exilio se interrumpió cuando los países europeos, uno tras otro, cerraron sus fronteras para impedir el flujo de migración.

En Grecia, 50.000 personas quedaron en un limbo jurídico desde que la Unión Europea y Turquía firmaron un acuerdo para expulsar a cualquier migrante que llegara por el mar a las islas griegas. Los que han llegado antes del acuerdo no pueden ir hacia su destino final, que por lo general es Alemania. Tampoco quieren permanecer en Grecia, un país en crisis, y ni piensan volver a Afganistán o Siria.

Idomeni se ha vuelto el campo de refugiados más grande de Europa. Condenadas a esperar que las autoridades europeas acepten recolocarlas y darles asilo, cientos de familias sobreviven al aire libre con la ayuda de Médicos Sin Fronteras. La ONG edificó una decena de carpas dormitorios pero la capacidad es sólo de 1.500 personas.

Nuchin Hussein, un sirio de Kamesshli, una ciudad fronteriza con Turquía, cuenta que “salimos de Siria hace dos meses por los ataques terroristas del Estado Islámico. ‘Ustedes no son buenos musulmanes, vamos a matarles’, nos decían. ¡Pero somos musulmanes! Primero pasamos de Turquía a la isla de Quíos en Grecia, era muy peligroso, pagamos 1.500 euros por persona. Es mucho pero es el precio de la seguridad. Luego fuimos en ferry a Atenas, tomamos un tren para Tesalónica en el norte de Grecia, y aquí llegamos el 1 de marzo. Vivimos en una pequeña carpa, hace frío, llueve y es muy ventoso. Estoy con mi familia y unos amigos. Todos queremos ir a Alemania donde está mi hermano menor. Además tienen un buen gobierno. Otros países europeos nos tienen miedo, nos acusan de ser terroristas por ser musulmanes. Pero no somos terroristas, y antes de ser musulmanes, ¡somos humanos!”

En el campamento de Idomeni llama la atención la cantidad de niños. Las autoridades han contado 4.000 críos en el campo de refugiados, es decir un tercio de los refugiados. Sobreviven gracias a la ayuda de varias ONG como Médicos Sin Fronteras o Bomberos en Acción. Las ONG han observado también la presencia de menores no acompañados.

El campo está instalado en el ferrocarril que conecta Grecia con Macedonia. Las carpas de los refugiados se alinean a lo largo de los rieles. A unos metros de la valla fronteriza de alambre de púa que Macedonia elevó hace un mes, una fila de policías griegos prohíben el paso. En ese lugar, una mujer incluso dio a luz, y cada día, un grupo de jóvenes sirios se reúne para protestar con cantos y carteles redactados en inglés para pedir la reapertura de las fronteras europeas.

Aicha, madre de familia siria, no entiende por qué Europa les niega el derecho a solicitar el asilo en el país de su elección: “Quiero decir a los gobiernos europeos ‘¡Abran las fronteras!’, porque hemos escapado de la guerra. No podemos quedarnos aquí. Tengo 60 años, hay niños y bebés. ¿Cómo podemos quedarnos aquí? Antes de la guerra llevábamos una buena vida en Siria. Pero no podíamos quedarnos por el riesgo de atentado en cualquier momento”.

La impaciencia y la frustración que genera la imposibilidad de cruzar la frontera han llevado algunos a entablar una huelga de hambre. Un hombre incluso se prendió fuego. Otros arriesgan su vida de nuevo e intentan cruzar la frontera con traficantes de personas.

En una gasolinera de la autopista que lleva a Macedonia, un joven afgano de 24 años habló con RFI de su proyecto de cruzar la frontera clandestinamente: “Hemos venido por necesidad, no por conveniencia y menos para divertirnos. Si no hubiera problemas en nuestro país no vendríamos aquí. Mucha gente quiere cruzar la frontera por otros puntos. Intentan tres o cuatro veces. Los traficantes cobran entre 1.500 y 3.000 euros. La policía por lo general los agarra y los devuelve aquí. Muchos se lastiman durante el camino. Además, la policía de Macedonia ni siquiera nos pregunta por qué llegamos ahí, reprime directamente”.

Últimamente, aparecieron campos de refugiados en varios puntos del norte de Grecia. Ante esta crisis humanitaria, el gobierno griego decidió evacuar progresivamente el campo de Idomeni, brindando un servicio de transporte en buses. Pero pocos fueron los migrantes que aceptaron alejarse de la frontera para volver a Atenas y ser reubicados en los llamados “hotspots”, estos campamentos administrados por el gobierno griego y desde donde los migrantes serán repartidos en otros países del Espacio Schengen.

Finalmente, a finales de marzo, cerca de 1.000 refugiados aceptaron ser recolocados en los nuevos campos que abrió el gobierno griego. “Nuestro país se convierte en un depósito de almas”, dijo el primer ministro griego Alexis Tsipras. Puertos, estadios, aeropuertos, zonas industriales... La capital griega moviliza todos los espacios desocupados de la ciudad para albergar a cerca de 7.000 personas.

En los muelles del puerto del Pireo conversamos con tres jóvenes sirios nos cuentan que se conocieron durante su odisea hacia Europa: “Nos conocimos en Izmir en Turquía. Y esto nos unió porque viajábamos solos. No esperábamos que el viaje fuera tan largo. Pensábamos que íbamos a viajar cinco o seis días antes de llegar a nuestro destino. (…) Hemos solicitado el asilo y la reubicación en otro país a través del programa de Naciones Unidas pero hasta ahora nadie nos ha llamado. Aquí en Grecia la gente viene a ayudarnos, es muy amable”.

En las islas griegas también miles de refugiados quedaron varados desde que Turquía intercepta los que intentan pisar el Espacio Schengen. Por el momento, se desconoce el futuro de las 50.000 personas que quedaron bloqueadas en Grecia.
 


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