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Europa

Erasmus, el éxito europeo

media El programa Erasmus está cumpliendo 30 años. © DR

30 años está cumpliendo Erasmus, uno de los programas europeos más exitosos desde el nacimiento del bloque europeo. 5 millones de personas de más de 20 países han beneficiado de este programa de intercambio destinado a estudiantes, profesores e investigadores que quieren aprender otra lengua y cultura de un país europeo.

Si le preguntan a un francés qué es Erasmus, probablemente no dude en mencionar “L’auberge espagnole”, el filme de Cédric Klapisch que cuenta la historia de un joven francés que parte a Barcelona a estudiar…pero no sólo a eso. Y es que la cinta se transformó en una buenísima carta postal del programa con el que la Unión Europea buscaba incentivar el estudio de lenguas europeas y el conocimiento de otras culturas del viejo continente. Una suerte de Torre de Babel moderna que este lunes cumple 30 años.

A tanto ha llegado el fenómeno que los británicos están buscando una manera de no renunciar a este programa de intercambios una vez que se oficialice la salida definitiva del Reino Unido de la Unión Europea. “Perder Erasmus sería un golpe importante para Oxford y para numerosas universidades de Reino Unido”, dijo a la AFP Loren Griffith, director de estrategia internacional de la prestigiosa universidad inglesa.

Una incubadora de europeos

La iniciativa partió del italiano Domenico Lenarduzzi, encargado de educación de la Comisión Europea. Su idea era potenciar las relaciones entre europeos y en un principio, en 1987, captó el interés de profesores, aunque rápidamente el interés se extendió a los estudiantes. Ponerlo en práctica exigió adaptar las legislaciones europeas, para que los diplomas fueran reconocidos en todo el bloque.

La elección de un país y el programa de estudios era el punto de partida de un proyecto ha llevado a más de cuatro millones de estudiantes europeos a tomar las maletas y partir a conocer otro país del continente.

“Para mí fue como si ese año fuera el más importante de todos mis estudios, no necesariamente en términos de contenido, sino porque era mi primera experiencia en el extranjero sola”, dice a RFI la francesa Roxane Revon, que partió a Italia a hacer un Erasmus en filosofía.

Se calcula que unos 3,3 millones de estudiantes han sido parte de este proyecto que este lunes cumple 30 años y que ha dejado de ser un simple programa de estudios para para a ser un verdadera experiencia de vida.

En tiempos en que el proyecto europeo está en permanente cuestionamiento, Erasmus es también el proyecto que puede servir de muro de contención a tendencias como el euroescepticismo. “Para mí el Erasmus es el mejor antídoto contra lo que está pasando ahora en Europa”, dice Carlos Herranz, periodista de RFI y que estuvo en Hamburgo haciendo su Erasmus. A eso agrega: “es la ejemplificación real, en pequeña escala, de lo que pensaron los europeístas como Delors, Schuman, Kohl. Creo que los mejores ideales fueron los que se plasmaron en el programa Erasmus. Más Erasmus significa menos proteccionismo, menos nacionalismos, menos euroescepticismo”.

Justamente recientes sondeos hablan de una baja de interés de los jóvenes europeos de participar en proyectos como este. Un 60% de interrogados decían no querer realizar este tipo de estudios en el exterior. Erasmus se resiente pues de la crisis que afecta al ideario europeo.

Y es que muchos ven en Erasmus un programa destinado a las clases con más recursos de Europa. O a los países con mayores PIB. Se nota en los presupuestos que los alumnos reciben. “Durante estos años de crisis económica Erasmus también ha tenido recortes", dice Herranz.

“La subvención que algunos países entregan no alcanza para cubrir todos los gastos. Yo partí a Alemania con un poco más de 100 euros al mes, imposible para vivir, tuve que recibir ayuda de mis padres y me tuve que poner a dar clases de español para completar el presupuesto. El Erasmus sufre lo que cualquier programa de educación, los pobres al final están imposibilitados a acceder. Para irte de Erasmus necesitar tener un poder adquisitivo y eso no puede ser. Eso tiene que cambiar. Si queremos construir Europa esa bolsa de Erasmus tiene que llegar también a las capas más bajas de la población. La gracia de Erasmus es que es uno de los programas que vertebra Europa en tiempos en los que Europa busca vertebración y ejemplos. Erasmus es una oportunidad, pero hay que financiarlo”, finaliza el periodista.

Y ese es uno de los principales desafíos. Generar cambios que se traduzcan en una democratización del acceso a Erasmus. Porque allí puede estar el futuro de Europa. Lo sabe bien Roxane Revon, quien se involucró en el proyecto político de las primarias ciudadanas: “Si me comprometí en política recientemente fue un poco por eso, para defender la visión que tiene mi generación de Europa, que nada tiene que ver con la de aquellos que quieren una vuelta hacia los orígenes o de un repliegue nacionalista. Hay euroescéptico entra la gente de Erasmus, pero por que quieren más Europa. La gente de mi generación espera que Europa sea una verdadera democracia. Creo que estamos a mitad de camino, está esa generación de antes, que claramente en Inglaterra tomó como rehenes a la nueva generación llevándolos al Brexit. Creo que cuando la generación Erasmus llegue al poder, porque tarde o temprano lo hará, va a trabajar por una Europa más integrada. Van a querer una relación entre representantes y representados distinta, más transparente. Creo que el futuro de Europa es realmente la generación Erasmus… La pregunta es cuándo pasará y si para eso habrá que pasar o no por una etapa de la reconstrucción de Europa”.

 
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