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Hace 100 años, Rusia extinguía a sus zares

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Hace 100 años, Rusia extinguía a sus zares
 
Los Romanov, la familia imperial rusa, fue ejecutada el 17 de julio de 1918. Wikimedia Commons / Alexander Palace Forums

Este martes se cumple un siglo desde el asesinato de los zares rusos en Ekaterimburgo. Un episodio que cambió el destino de toda la nación y que hoy en día sigue siendo todo un enigma. 

Por nuestro corresponsal en Ekaterimburgo, Xavier Colas

La cuenta atrás para la familia imperial Romanov había empezado 16 meses antes, tras la revolución de febrero de 1917, cuando fueron recluidos en la Villa de los Zares y desprovistos de casi todos sus privilegios por órdenes del gobierno provisional.

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La peregrinación forzada continuó en agosto de ese año, cuando los trasladaron casi tres mil kilómetros hasta Tobolsk, en la gélida Siberia. Tras el triunfo de la revolución, en abril de 1918, fueron conducidos a Ekaterimburgo. Esa sería la última estación del clan y también de la legendaria dinastía que gobernó a Rusia por trescientos años.

Las pruebas de ADN no convencieron a algunos miembros de la Iglesia Ortodoxa rusa porque los restos de dos de ellos -el Zarévich Alexei y la gran duquesa María- fueron encontrados hasta 2007 en un lugar diferente en los Urales.

Rusia planea volver a enterrar a Alexei y María junto al resto de la familia en la Catedral de Pedro y Pablo en San Petesburgo. Pero para que eso ocurra la Iglesia necesita estar segura de a quién pertenecen los restos.

El investigador Alexei Guselnikov asegura que la Iglesia ya sabe que son restos reales. Pero rectificar no es tan fácil. "Porque admitir que esos restos son de la familia real significa rectificar la postura anterior y reconocer que la iglesia no estaba en lo cierto. Mucha gente lo creyó, y ahora resulta que no es verdad. La Iglesia va paso a paso pero por ahora sin declaraciones oficiales", explica el académico.

Una noche de terror

¿Cómo sucedió el asesinato? El relato es estremecedor. Pasada la medianoche, el comandante Yákov Yurovski despertó a la familia. Debían vestirse deprisa, pues serían conducidos a un sitio más seguro. La familia fue encerrada en un semisótano de 30 metros cuadrados. En algún momento, Yurovski los mandó a acomodarse tranquilos, pues ya llegaría un fotógrafo a perpetuar el momento. Pero quienes bajaron las escaleras fueron los miembros de un comando de fusilamiento. Fue entonces cuando el comandante leyó al zar su sentencia de muerte.

El largo caso del asesinato de los Romanov se cerró en 1998, después de que pruebas de ADN autenticasen los restos de los Romanov encontrados en una fosa común en los Urales en 1991. Se encontraron gracias a que el fusilamiento y la ocultación de los cuerpos, primero en un sitio y luego en otro, se hizo de una manera chapucera.

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"Sucede que los checos, aliados de los opositores a los bolcheviques, estaban muy cerca, así que había que darse prisa", cuenta el investigador Leonid Grigorovich. "Se hizo de una manera desorganizada para librarse de los cuerpos, lo importante era la rapidez, no había tiempo. Se quiso dejarlos en la mina, pero eso no salió bien y se los cambió de sitio."

Jamás quedó claro quién ordenó la ejecución. En su diario, Trotski señalaba al mismo Lenin y a su secuaz Yákov Sverdlov como responsables de la sentencia. Pero lo cierto es que no existe ni una sola prueba de que fuera así. Son muchas las sombras en torno al final de los Romanov.

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