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Cerca de París, un centro para refugiados ayuda a reconstruir vidas resquebrajadas

Cerca de París, un centro para refugiados ayuda a reconstruir vidas resquebrajadas
 
Distribución de comida en el centro de Cergy-Pontoise. REUTERS/Jacky Naegelen

Más de 500.000 hombres, mujeres y niños han cruzado las fronteras de la Unión Europea en lo que va de este año. Un récord. Entre ellos la mayoría son sirios e iraquíes que huyen de la guerra y de la amenaza del grupo Estado Islámico. Alemania o los países nórdicos representan para los refugiados una alta atractividad por su sistema de asilo y prosperidad económica. Ante la afluencia de miles de personas, estos países no dan abasto. Francia entonces ha decidido recibir unos 24.000 refugiados en dos años. En un centro acuático de la región parisina, en Cergy-Pontoise, los primeros iraquíes y sirios se están adaptando a una nueva vida lejos de las bombas.

Los árboles y el pasto han remplazado las ruinas y la devastación. En el patio de un centro vacacional de la región parisina, desocupado durante el otoño, se juega al fútbol. Los grandes con los niños. Mientras tanto, los más chicos se turnan para subirse a un cochecito de juguete. Hace poco más de una semana todos ellos se encontraban en Alemania. La penúltima etapa de un largo y peligroso periplo con el único propósito de instalarse en Europa para encontrar la paz.

Son un centenar de refugiados sirios e iraquíes que fueron traídos por las autoridades francesas, por una parte, para aliviar la carga del gobierno alemán que dice ya no poder acoger las miles de personas que llegan día tras día, y por otra, para tomar cartas en esta crisis inédita.

Una crisis que se lee a través de cifras vertiginosas y de discursos políticos. Pero cada uno de esos refugiados trae en sus flacas maletas una historia. Originario de la ciudad mártir siria de Kobane, Ahmed Hassan, de 25 años, llegó sano y salvo tras un agotador viaje: "Somos de Kobane, viajamos hasta Turquía y de ahí a Grecia, pasamos por Macedonia, Hungría y luego llegamos a Alemania. Y como llegamos al momento justo y como nacimos con buena estrella, Francia nos escogió para venir hasta acá en autobús".

Jugar a la lotería

El gobierno francés ha prometido acoger unos 24.000 refugiados en dos años. La mayoría de personas con quien conversamos hablan de suerte, de lotería. Los criterios para escogerlos no quedan claros.

En total, Ahmed y su hermano viajaron 22 días alternando autobuses, un barco destartalado, la marcha y el tren. Nacidos de dos madres distintas, uno es musulmán y el otro es católico: "Para reunir el dinero trabajamos largos meses, yo como mecánico en un taller y mi hermano haciendo y vendiendo sándwiches en la calle para poder emprender la gran aventura. Era lo único que nos quedaba, nuestra casa fue bombardeada, vimos muertos, perdimos a un tercer hermano que estaba gravemente herido. Si no nos marchábamos íbamos a morir", cuenta Ahmed.

Por el momento, no se han dado totalmente cuenta de que ya están en Francia, a salvo. Les cuesta todavía dormir por las noches, y la falta de nicotina –no tienen dinero para comprar cigarros– los deja inquietos. Pero nada comparado con la angustia en la que han vivido durante estos cuatro años que lleva el conflicto sirio.

El celular, tan indispensable como un techo

En la sala común donde charlamos, se discute de los detalles de todos los días. Una televisión constantemente prendida difunde un canal en árabe. Varios hombres, sentados, no despegan los ojos de sus celulares, su único vínculo con los suyos. Jóvenes, familias, adultos mayores, niños de varias edades. Con orígenes geográficos y sociales distintos, todos tienen que convivir en este centro que cuenta con dormitorios, un gran comedor, una sala de estudio, la sala común y un inmenso jardín.

El centro de Cergy se organiza alrededor de tres ejes: bienestar, aprendizaje del francés y poner en marcha el proceso para obtener el estatus de refugiado. REUTERS

Aprender el francés para conquistar la autonomía

La vida en comunidad en este centro se organiza alrededor de tres ejes. El bienestar y el descanso, el aprendizaje del francés, esencial para adquirir autonomía e incorporarse al mundo laboral, así como el proceso administrativo del que se encarga el Estado para obtener el estatuto de refugiado.

Annie era maestra de biología, ahora que está jubilada trabaja benévolamente con el Secours Catholique, el socorro católico, con los refugiados que necesitan aprender francés. Nos explica que "formaron grupos en función de su nivel, sin tomar en cuenta la edad. Desde hace tres días trabajo con un grupo y todo está saliendo bien porque son muy agradables y tienen mucha voluntad de aprender. Tenemos la impresión de que estamos avanzando. Estamos muy contentos".

Por las mañanas, Jérôme también da clases de francés: "Están divididos en tres categorías. Ponemos juntos a los que hablan muy bien inglés para que puedan aprender el francés rápidamente. Luego ponemos juntos a los que manejan el alfabeto latino, pero que no hablan inglés. El tercer grupo lo forman los que no conocen para nada este alfabeto. Con ellos hay que empezar por aprender este alfabeto, la pronunciación. Los ponemos juntos para que la clase no vaya muy rápido, para ir a su ritmo y para que no atrasen a los demás".

Los pequeños que tienen entre 2 y 10 años se ubican en esta categoría, y cuando no están en clases, pueden ir al taller musical de Jérôme: "Con los gestos, con las miradas tratamos que nos comprendan. Es un desafío interesante. Yo trato de hablarles siempre en un francés simple. Así se acostumbran a los sonidos. Además ya van a empezar a ir a la escuela. De todas maneras tienen que empezar a oír hablar francés para que se acostumbren lo más rápido posible".

Casa y trabajo, las dos prioridades

En esos talleres participan las dos hijas mayores de Tarek. Es originario de Homs, una ciudad siria que ha sido casi totalmente destruida ya sea por los yihadistas o por las fuerzas de Bashar al-Asad. Junto con su esposa y sus tres hijas (la más pequeña tiene dos años), viajaron durante un mes. Tomaron más o menos la misma ruta que los hermanos Hassam. Sólo que hicieron una escala suplementaria en el Líbano. De Serbia a Hungría, la familia caminó dos días.

Tarek y su familia llegaron al centro hace más de una semana, viajaron durante un mes para escapar a la guerra en Siria. REUTERS/Jacky Naegelen

"Oímos que en Francia hay buenas casas para todas las familias. Ahora que estamos aquí queremos aprender y tener un buen trabajo aquí en Francia", cuenta Tarek. En Homs, era asistente anestesista y daba clases en la universidad a los futuros anestesistas. Espera encontrar un trabajo en un hospital francés, y un lugar donde vivir con su familia, como todos los que han llegado al centro de Cergy-Pontoise. Pero antes de acceder a un trabajo, les queda un largo trecho por recorrer, y problemas de salud que resolver. El hambre y la violencia dejan secuelas que serán tratadas medica y psicológicamente en su país de acogida.

Mientras tanto pueden consolarse comiendo mejor, dándose el lujo de bañarse y dormir cuando quieran. Otro lujo es vestirse: en cajas de cartón llegan zapatos, suéteres, todo lo necesario. También abundan las comidas para bebés, las golosinas para la hora del té y productos de higiene.

Para Joël Motil, vicepresidente del centro, es lo mínimo para volver a construir vidas resquebrajadas: "Intentamos sobre todo crear un modo de vida que favorece la autonomía, el conocimiento de las reglas del país. No es simple llegar aquí a un centro de refugiados habiendo perdido todo, huyendo de un país en guerra. Algunos viajaron durante siete u ocho meses para llegar hasta aquí a veces en condiciones espeluznantes. Algunos dejaron a sus familias allá, a sus padres, otros dejaron a gente en prisión o a desaparecidos. Son gente que se encuentran en una situación muy frágil personal o psicológica. Pero muestran desde que llegaron una voluntad de salir adelante. Con respeto y disciplina respetan todas las reglas que tenemos aquí".

Ojos verdes, sudadera azul y una afición por las novelas mexicanas, Haji Abderahim forma parte de los elegidos que vinieron a Francia, como él dice. Dejó a su familia en Siria: "Como estaba en peligro, mi familia me llevó hasta la ciudad de Erbil en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Espero algún día traerlos hasta Francia si logran sobrevivir".

El centro de Cergy, ejemplar

Muchos de los recién llegados tienen el mismo proyecto. Lo que las autoridades francesas no toman en cuenta, según Raoul del Secours Catholique, que prefirió esquivar el micrófono. Piensa que este tema será fuente de crispaciones que se sumarán al tenso clima político y social actual. Según una reciente encuesta, 55% de los franceses se oponen a que Francia imite Alemania abriéndoles las puertas a los refugiados. De hecho muchos alcaldes se oponen a facilitar infraestructuras. Sus razones, falta de medios o rechazo de los musulmanes.

El centro de Cergy recibe constantemente dones de ropa, alimentos y productos de higiene destinados a los refugiados. REUTERS/Jacky Naegelen

No es el caso de Cergy-Pontoise donde se encuentra este albergue. Su población es muy mixta y se ha mostrado solidaria. El centro es considerado ejemplar por la calidad de sus locales y su organización. Pero no todos los refugiados que han llegado al país tienen la misma suerte. Otros de los 24.000 que ya han llegado están albergados en sitios inadaptados, y en cuanto a los futuros centros todo está en espera.

Pero a los políticos se les ha olvidado un detalle. Siendo académicamente preparados, la mayoría no quieren venir a Francia por su alta tasa de desempleo y por sus leyes restrictivas. Durante el tiempo que dura el proceso para obtener el asilo, más o menos nueve meses, los candidatos no tienen derecho a trabajar. Mientras tanto, reciben una pequeña ayuda financiera por parte del Estado. Condiciones que los hermanos Hassam, Tarek o Haji han aceptado en espera de dejar atrás el horror.

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