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Marsella, entre mitos y realidad

Marsella, entre mitos y realidad
 
'Vieux Port' (viejo puerto) de Marsella. WikimediaCommons/Georges Seguin

Marsella "la rebelde", "la cuidad menos francesa de Francia", "la más bella del mundo"... Así hablan los marselleses de su ciudad. De las grandes urbes francesas, Marsella sin duda es la que tiene la peor fama. Los estereotipos, algunos reales y otros debidos a fantasías históricas, se le quedan pegados a la piel.

“Creo que mucha gente en el mundo sólo conoce a Marsella por la criminalidad, antes que cualquier otra cosa. Quizás también por su equipo de fútbol pero nada más, y es muy triste. Hay una mezcla entre realidades e imaginarios. En los últimos años, he leído expresiones como Marsella-Chicago, Marsella-Bogotá o Marsella el Bronx francés, como si Marsella fuera todo menos una ciudad francesa”, explica el sociólogo Laurent Mucchielli.

Marsella, el patito feo de Francia

“Es falso pero estos imaginarios tienen un origen histórico muy antiguo”, prosigue. “La asociación de Marsella con Chicago por ejemplo data de los años 1920. En esa época está llegando a Francia el cine estadounidense de gangsters que reproduce el mundo de Al Capone en Chicago... Como en Marsella en esa época está empezando la delincuencia asociada al tráfico de drogas, se ha plasmado el imaginario estadounidense sobre la ciudad. Incluso viene de antes... ¡del Antiguo Régimen! Los libros de viajes de los siglos 17 y 18 ya dicen que la región de Marsella es una tierra bendecida por los dioses por su clima pero habitada por gente bruta. Es una vieja representación, un cliché basado en criterios geográfico-psicológicos muy antiguo.”

Pero desde hace unos años, las autoridades locales y nacionales intentan darle otra imagen a la segunda ciudad de Francia. Después del impulso que significó ser Capital Europea de la Cultura en 2013 y tras los importantes proyectos de renovación urbana, ¿está Marsella cambiando de cara?

Marsella es una de las pocas grandes ciudades de Europa cuyo centro todavía es popular. Como pasó en París o en Barcelona, los habitantes del barrio de La Plaine temen que el proceso de "gentrificación", o aburguesamiento, expulse a los más pobres. En el café Manifesten, grupos de ciudadanos se movilizan contra el proyecto de renovación de la histórica Plaza Jean Jaurés. Allí, tres veces a la semana, se instala uno de los mercados más baratos de Marsella.

Varias obras de renovación en curso

Hicham, de 33 años, es comerciante en la feria de la Plaine: “Tenemos el mar, el sol, los cerros, no estamos lejos de las montañas... ¡Lo tenemos todo en Marsella! La gente es chévere, tenemos la seguridad social… ¡Las chicas son lindas! Y en Marsella hay menos racistas, o por lo menos es más fácil ignorarlos”, cuenta.

La calle que sin duda concentra el debate sobre las obras en el centro de Marsella es la Rue de la République, una avenida monumental del siglo 19 cuya renovación se inició en los años 2000. Como la alcaldía de Marsella, Rudy Ricciotti, el arquitecto del MUCEM, el museo y pieza central de la renovación del borde costero, defiende los cambios en la Rue de la République: “Hay que evitar los lugares comunes en este asunto. ¡Como si Marsella estuviera siendo agredida por el capitalismo o la especulación urbana! Yo creo que Marsella sobre todo sufre por su propia burocracia, por su propia negligencia. Los dueños de la ciudad, que son los propietarios y la burocracia, no la gestionan con ternura... ni en materia de recolección de la basura, ni en cuanto al mantenimiento urbano o al orden”, comenta.

Según Ricciotti, “la calle de la República estaba en un estado de degradación física y económica terrible. Obviamente para renovar, lanzaron una operación inmobiliaria y echaron a gente que vivía allí desde mucho tiempo. Es una pena pero no había ninguna ambición en este barrio antes. Los edificios estaban en un estado totalmente pervertido, vitrinas catastróficas con paneles publicitarios, cajas de plástico, de aluminio..."

Cerca del puerto comercial, el megaproyecto urbanístico Euromediterranée, financiado por Europa, el Estado francés y las administraciones locales, quiere desarrollar un distrito financiero. En esta zona donde antes no había mucho que hacer y que no se recomendaba cruzar de noche, numerosos edificios han sido renovados y se ha abierto tres centros comerciales. Uno de ellos ofrece una terraza con una vista increíble al Mediterráneo.

El MUCEM, un ejemplo de éxito

Un agradable paseo al lado del mar une ahora estos centros comerciales al Vieux Port, el viejo puerto. En ese camino, se restauró la Catedral de La Major que domina los muelles donde llegan los cruceros. Junto con la Villa Méditerranée, el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo, el MUCEM, y su arquitectura de encaje marítimo, terminaron de renovar con éxito la cara que Marsella tiende hacia el mar.

Rudy Ricciotti, el arquitecto del MUCEM, cuenta que “el MUCEM cambió la mirada sobre Marsella, ese Casimodo que estaba acostumbrado a recibir odio y necesitaba un poco de ternura. El MUCEM permitió apaciguar un poco esta violencia histórica contra la ciudad. El museo habla al horizonte metafísico del Mediterráneo a través de una puesta en escena del azul obsesivo, omnipresente, azul ultramarino, azul Klein, cobalto... El MUCEM pone en escena el color del mar. Con su rejilla y su paseo que sube hasta el cielo, es como una mirada hacia ese territorio, un vínculo generoso. Cada uno puede interpretarlo como quiere y por eso tiene éxito”.

Según la Cámara de Comercio regional, en tres años el MUCEM ha atraído ya a un millón y medio de personas y generado importantes beneficios para la economía local: 11 millones de euros y 180 empleos directos y más de 110 millones de ingresos indirectos.

Mucha gente pasea o viene a descansar por la zona. Algunos pescan o hacen picnics, mientras otros vienen a tocar la guitarra frente al Mediterráneo. La inmensa mayoría de los habitantes aprecia este nuevo borde costero que le ha dado dinamismo a la ciudad.

Marsella atrae más turistas franceses y extranjeros. El tren de alta velocidad que la une a la capital en unas tres horas desde los años 2000 también ha favorecido la llegada de nuevos habitantes que apuestan por el futuro de Marsella.

El parisino Faycal Benarbia abrió con su hermana una tienda de diseño en el borde costero: “Mi hermana se vino a vivir a Marsella por el sol y porque estaba harta de París. Yo me vine porque vi que la ciudad está cambiando mucho. Marsella está en plena mutación y es ahora que hay que posicionarse aquí. (…) De hecho, una revista estadounidense escribió hace poco que las dos ciudades del mundo que hay que visitar ahora son Río y Marsella”, comenta.

Desigualdades muy fuertes según los barrios

Marsella está cambiando pero sólo para los turistas y para quienes viven en el centro, critican los habitantes de los llamados "barrios norte" de Marsella. A estos barrios, se los conoce sobre todo por los ajustes de cuenta entre narcotraficantes que destacan los medios de comunicación. Son también un concentrado de inmigración, pobreza, desempleo y sentimiento de exclusión.

El sociólogo Laurent Mucchielli, que dirige el Observatorio Regional de la Delincuencia y de los Contextos sociales, explica que “Marsella es una ciudad muy pobre y desigual. Más o menos un cuarto de la población, es decir un 25%, vive en las llamadas ‘Zonas Urbanas Sensibles’, sectores que cumulan todos los indicadores de pobreza. Marsella también es una de las ciudades francesas con más contraste entre la riqueza extrema y la pobreza extrema. Y sabemos que estadísticamente las desigualdades son un factor de la delincuencia. En los llamado ‘barrios norte’ de la ciudad, se concentra esta vulnerabilidad”.

En el quartier del Merlan, la Unión Europea está financiando la renovación exterior de los edificios vetustos que se alinean cerca de las obras interminables de una autopista prometida hace años.

“Lo cierto es que Marsella es uno de los grandes lugares del crimen organizado en Francia… Ante todo porque es un puerto. (…) La fantasía es imaginar que esta criminalidad significa que toda la sociedad es más violenta. Nuestras investigaciones han demostrado que no es así, que en la vida cotidiana de los habitantes de Marsella no hay más violencia que en otras partes. Hay muchas ciudades del mundo donde es mucho más peligroso caminar que en Marsella”, concluye Laurent Mucchielli.

Encantadora, a veces agresiva, desordenada y multicultural… Marsella tiene una identidad muy fuerte y no deja a nadie indiferente.
 

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