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¡Una guardería para ancianos... y niños!

¡Una guardería para ancianos... y niños!
 
Un anciana toma la mano de su nieta, 30 de April de 2012, en París. AFP PHOTO / FRANCK FIFE

En el distrito 13 de París existe una casa de ancianos que también alberga un jardín infantil. Ahí adultos mayores y niños realizan actividades juntos. Una experiencia aún minoritaria pero que se está expandiendo en Francia, ahora que se busca abrir los hogares de ancianos a la sociedad.

Un reportaje de Lucile Gimberg, realización técnica de Pierre Zanutto, selección musical de Paula Estañol y con la colaboración de Natalia Olivares.

"En mi jardín, tengo actividades con los abuelitos y las abuelitas", cuenta Antone a su mamá.

- ¿Y qué hacen juntos ?

- Cuentos, expresión corporal y luego ¡los instrumentos de música! Hay un palo de agua, un acordeón y un tambor!", responde este niño de 3 años.

A los ancianos, Antone los llama por su nombre: François, Jean-Martin, Cécile. Pero no son familiares suyos sino los residentes de la casa de ancianos que alberga el jardín infantil al que acude este pequeño franco-chileno cada día. Este jardín infantil "intergeneracional" abrió en 2003, tras experiencias exitosas en Lyon.

La idea de juntar casas de ancianos y jardines infantiles nació en los años 90 en América del Norte. Pero desde hace unos años se multiplican los proyectos como éste. "El arquitecto pensó este proyecto así desde el principio, explica Romy Lasserre-Saint Maurice, directora de la residencia de ancianos Péan, en París, por eso, durante todo el día nos podemos observar los unos a los otros. Los niños pueden ver a los ancianos y los visitantes y nosotros podemos ver a los niños jugando y eso le da vida a la residencia".

Aprender la diversidad

El jardín y el espacio de comidas son compartidos. Sobre todo, cada mañana un pequeño grupo de jóvenes y viejos, todos voluntarios, comparte una actividad: lectura, música, pastelería o expresión corporal. Una particularidad que aprecian mucho los padres y abuelos de los niños.

"Enseña a los niños lo que es la familia, aprenden a conocer a los adultos", se felicita Assiatou, madre de Ibrahima Sori que también va al jardín infantil Péan. "Saben que no están solos y que no solo ellos cuentan, y cuando hacen actividades juntos, se tranquilizan", apunta. Teresa, la abuela de Antone, destaca la complicidad que se ha establecido entre los niños y los adultos mayores. Con esta iniciativa, "los pequeños no solo viven en un mundo de niños y ellos dan alegría a los viejitos", subraya. Para Diana, madre de Antonio e Irene, los ancianos son "la sabiduría de la vida". Además se alegra que sus hijos puedan estar en contacto con adultos mayores ya que sus abuelos están lejos.

Para los niños, compartir momentos con los adultos mayores, algunos en el último tramo de su vida, es aprender la tolerancia, descubrir la diversidad que existe en la sociedad. Es integrar naturalmente la diferencia del otro y su eventual discapacidad. "Aquí los niños se acostumbran muy rápidamente al deambulador, al bastón", indica Soledad Figuerola, directora del jardín infantil.

Movimientos sin darse cuenta

Los ancianos por su parte, asocian a los niños con recuerdos positivos, piensan en sus nietos o sobrinos y eso les incita a hacer cosas que no harían normalmente. Hoy, Lucie Dreyfus, psicomotricista, anima el taller de expresión corporal. Todos los adultos mayores que participan tienen alzheimer.

"Hay una residente por ejemplo que no sale casi nunca de su cama, explica Lucie Dreyfus, pero cuando la voy a buscar para este taller, cuando le digo que los niños la están esperando, entonces ahí se anima. Y finalmente, una vez este levantada, ella hace más cosas durante el día. Por ejemplo, después del taller, la llevo a la revista de prensa. Todo esto le da un objetivo en el día y entonces le dan ganas de hacer cosas."

Jugando con pelotas, aros y palos de plástico, niños y ancianos hacen ejercicio, sin darse cuenta. Cuando Martin, 4 años, lanza un aro debajo de su silla, Cécile no duda un instante. A pesar de sus 84 años, se inclina hacia el piso para recuperarlo.

"Creo que el ejercicio de motricidad se vive de otra manera cuando están los niños", analiza Lucie Dreyfus. "Los ancianos se mueven para intercambiar con los niños, es más natural que en una clase de gimnasia clásica que se limita a repetir movimientos. Aquí, la relación entre los viejos y los niños les ayuda a hacer los movimientos."

Una presencia alegre

La sonrisa de Cécile, de 84 años, traduce también el placer compartido durante esta media hora de juegos y movimientos. "¡Me fascinan! Son adorables. Es muy divertido, muy agradable estar con ellos. Yo no pude tener hijos ni tengo niños en mi familia cercana. Estoy muy feliz de pasar un momento con ellos en la mañana, una vez a la semana. Me hace falta la verdad."

Afuera de la sala, Roger, que no recuerda su edad y tiene dificultades para encontrar las palabras, sonríe al ver pasar a los niños. " Hmm... No sé cómo decirlo.... Yo los veo muy, muy... ¡Ahrrrr! ¿cómo se dice?! Me gusta mucho tenerlos frente a mis ojos. Son la alegría, claro. Viven al lado de nosotros. No sé cómo decir... Están ahi. "

No muy lejos de Roger, dos residentes, inmóviles, miran fijamente la pantalla de televisión. Sentada en una mesa con un mantel inmaculado, una mujer no levanta la mirada de su libro. Afuera, otro anciano se pasea por el jardín con su andador. Ignora al conejo que se echa una siesta en la sombra.

Las relaciones interpersonales, buenas para la salud

"Hoy, como sociedad, nos preguntamos qué lugar dar a los ancianos y se está expandiendo la idea de no encerrar a los adultos mayores en un solo campo sino de dejar que entre la vida en las casas de ancianos", dice Romy Lasserre Saint-Maurice, directora de la residencia de adultos mayores. "La idea es que un EPHAD no solo sea un establecimiento para personas de edad que están perdiendo su autonomía". Se desarrollan las viviendas compartidas, con habitaciones para estudiantes por ejemplo, se introducen jardines infantiles, escuelas hasta comercios en las nuevas casas de ancianos. "Todo esto para que haya cada vez más intercambios entre las generaciones.

Varios estudios científicos ya han demostrado que el aislamiento social tiene un impacto negativo en la salud y la esperanza de vida. En 2016, investigadores de la Universidad de Carolina del Norte concluyeron que mantener relaciones interpersonales es tan importante como comer sano y hacer ejercicio.

En el jardín, Nicole acerca a su madre a la valla de plantas que separa el espacio de los niños del espacio de los adultos mayores. En su silla de ruedas, Simone, de 97 años, ya no puede hablar. Pero su mirada se aviva al escuchar el bullicio de los niños. "Mi mamá era profesora de primaria, tuvo seis hijos, adora a los niños, entonces ver niños así, es una maravilla", cuenta Nicole. "En la tarde en general, hacia las tres y media, muchos residentes estan aquí mirando como juegan los niños."

Sin juicios ni prejuicios

Nicole se pregunta si puede resultar chocante para los niños ver a ancianos que han perdido muchas de sus facultades. Juan David Nasio, pedopsiquiatra en París y autor de numerosos libros sobre la niñez y la familia, le responde: "Lo que puede impactar a un niño es lo que sale de lo estable: un ruido muy violento, una situación de agresión física o de grito, ahí sí, el niño va a sufrir y se va a asustar", explica el especialista. "Pero un anciano que no escucha, que camina difícilmente inclusive que babea, al niño eso no le molesta en absoluto". "¡Eso es un problema de adulto! El pedopsiquiatra sin embargo subraya que estas actividades entre adultos mayores y niños deben realizarse durante un tiempo limitado "porque ambos se cansan".

No hay juicio en la mirada de los niños más pequeños hacia los más viejos. Tampoco en la de los ancianos hacia estos críos desconocidos y alegres. Si hace falta repetir cinco veces su nombre para que sea entendido, lo hacen. Los unos y los otros. Con buen temple. Y la conversación, aunque sea de pocas palabras, se establece.

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