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París liberado, una historia de resistencia bajo el paraguas del mito

París liberado, una historia de resistencia bajo el paraguas del mito
 
El general de Gaulle desfila por los Campos Elíseos después de la liberación de París. Wikipedia

La liberación de París en agosto de 1944 es la imagen por excelencia de la victoria de las tropas aliadas comandadas por Charles de Gaulle y el general Leclerc, pero también es la historia de cómo las organizaciones de la resistencia y el pueblo parisino fueron claves para salvar la ciudad del nazismo. 74 años después, la memoria colectiva ha dado una preeminencia especial a este acontecimiento que fue clave para redimirse del trauma de Vichy.

Por Mireia Rom Salvador.

 

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26 de agosto de 1944. Escoltado por el himno de la Marsellesa, el general Charles De Gaulle desfila triunfante por los Campos Elíseos. Lo acompañan la segunda División Blindada del ejército francés y el Consejo Nacional de la Resistencia. A su alrededor, un mar de ciudadanos y ciudadanas dispuestos a celebrar el fin de la ocupación. Después de cuatro años bajo el dominio nazi y cinco años de conflicto, París vuelve a ser libre.

La liberación de París, sin embargo, comienza a gestarse una semana antes. El 13 de agosto los alemanes desarman la policía francesa, que se encuentra bajo su control desde el armisticio de junio de 1940. Este será el pretexto oficial para que el cuerpo convoque una huelga el 15 de agosto, que se suma a la que ya habían iniciado los ferroviarios. Para Jean-Marc Berlière, historiador especialista de la policía francesa, la movilización tiene, sobre todo, una función catártica tras los años de sometimiento a las órdenes de Vichy y de Alemania. “Se trata de una oportunidad para escapar de la dominación de los alemanes. Por un lado, representa una venganza y, por otro, el hecho de pasar al lado del gobierno provisional de la República significa un reconocimiento a este nuevo poder”, argumenta.

Dos meses después del desembarco, los alemanes han perdido definitivamente la batalla de Normandía y París siente cerca la liberación. Nadie sabe si será cuestión de días o semanas y la resistencia tiene prisa.

Ha llegado la hora de perseguir al invasor, ha llegado la hora de proclamar una vez más la República a l’Hôtel de Ville. Los ferroviarios, la policía y los trabajadores de todas las corporaciones han desencadenado la huelga general patriótica. ¡A las armas, ciudadanos!
Henri Rol Tanguy, líder comunista de la resistencia francesa.

El 19 de agosto las calles de París se despiertan con carteles llamando a la insurrección. Su artífice había sido Henri Rol-Tanguy, líder de la organización comunista de la resistencia Francotiradores y Partisanos. A pesar de sus rivalidades, sus miembros se habían integrado dentro de las Fuerzas Francesas del Interior, de tradición gaullista, para luchar contra el enemigo común. El pueblo de París comprometido con la resistencia no se hace esperar. “Los alemanes se repliegan en los denominados puntos de apoyo, como el Palacio de Luxemburgo, la Cámara de los Diputados o el Grand Palais. Por su parte, los resistentes, bajo las órdenes de Rol Tanguy, ocupan los edificios públicos que los alemanes han dejado libres”, detalla Delpla.

El cartel de Henri Rol Tanguy apelando a la insurección del pueblo parisino. Afiche

Al mismo tiempo, las barricadas cubren poco a poco partes de la ciudad con el objetivo de obstruir los movimientos de los soldados hitlerianos y capturar el máximo número de prisioneros. Sin embargo, París no es un objetivo militar, ni para un bando ni para el otro. La estrategia de los aliados consiste en un primer momento en rodear París y esperar que la ciudad caiga por su propio pie. Sin embargo, la insurrección popular precipita los acontecimientos. “El general Eisenhower dice modestamente: ‘Los resistentes me han obligado a actuar’. Es el pueblo parisino quien se moviliza, ante todo; De Gaulle y Leclerc solo son sus intérpretes”, manifiesta Delpla. “París se ha sublevado, París tiene la situación por la mano, París ha puesto los alemanes en dificultades, pero París no tiene armas ni municiones”, remarca el historiador. Ante la reticencia estadounidense, el general Leclerc, comandante de la Segunda División Blindada del ejército francés, ordena finalmente entrar a París.

La liberación de París en imágenes:
París, 1944. Wikipedia

Por otra parte, el nerviosismo y las dudas acechan los cuarteles alemanes. La mayoría del ejército se encuentra replegada en el norte y el este de Francia y los 20.000 soldados que quedan en la capital son principalmente veteranos con funciones administrativas. Hitler, sin embargo, no quiere renunciar al valor simbólico de París y ordena su destrucción. Un mandato que el general Dietrich Von Choltitz desobedece. Primero por razones militares y segundo, así lo ha querido el mito, por una sensibilidad ante la belleza de la ciudad de la luz. Con estas palabras, Von Choltitz, se hubiera dirigido a uno de sus superiores: “Lo poco que queda del glorioso ejército alemán ha iniciado la retirada y dudo que los soldados acepten reforzar nuestras tropas. Amigo mío, salga conmigo al balcón, ¿le parece que podemos escoger entre destruir y preservar esta ciudad?”.

Aunque la dinamita ya se había instalado en los puentes de París para cortar las infraestructuras, la ciudad finalmente no ardió. Mientras tanto, los aliados, guiados por la resistencia, toman carreteras secundarias para llegar a la capital. En cabeza, el comandante Raymond Dronne dirige la novena compañía de la Segunda División Blindada, conocida como la Nueve, formada casi íntegramente por republicanos y brigadistas españoles que confiaban en vano que a la derrota de Hitler la seguiría eventualmente la caída de Franco. “Algunos parisinos, especialmente los que viven en el distrito 14, entre la puerta de Orleans y el barrio Latino, tienen la impresión de haber sido liberados por una armada española”, explica Delpla.

La Nueve, la primera unidad de los aliados en entrar a París. WikimediaCommons

La Nueve llega a París el 24 de agosto por la noche y se instala en el ayuntamiento, el Hôtel de Ville, convertido en el centro de operaciones de los aliados. La mañana siguiente llegan dos unidades más de la Segunda División Blindada y de la cuarta división de la infantería estadounidense, que prácticamente no encuentran resistencia. En todas las iglesias de París, las campanas tocan por la liberación.

Con la entrada de los aliados, se reanudan los enfrentamientos. La tregua, mediada por el cónsul sueco Raoul Nordling, había terminado oficialmente el día anterior. Un tiroteo en la plaza de la Concordia deja en cuestión de segundos un balance de 1.500 muertos. Sin embargo, los historiadores insisten en relativizar la importancia y el alcance del levantamiento parisino. “En la liberación hay una parte importante de mito. Simbólicamente es muy potente: una parte del pueblo en armas, las barricadas… todo esto recuerda al siglo XIX, a los tiempos de la Comuna… Sin embargo, la insurrección no afecta ni a toda la ciudad ni a toda la población”, alerta Berlière. “Hay lugares donde hay duros enfrentamientos, como la Cámara de los Diputados, el Ministerio de la Marina, la plaza de la Concordia, el Sena, el Palacio de Luxemburgo, la plaza de la República… Pero, si uno lo compara con la insurrección de Varsovia, donde los alemanes destruyeron el 90 por ciento del territorio, no tiene nada que ver”, subraya.

El general Von Choltitz firma la rendición ante Henri Rol Tanguy. WikimediaCommons

Asimismo, los aliados capturan el general Von Choltitz, resguardado en el Hôtel Meurice de la calle Rivoli, y lo llevan a la Estación de Montparnasse, donde es obligado a firmar la rendición ante Rol Tanguy. “Von Choltitz capitula, pero solo puede hacerlo respecto a las tropas que comanda. Por eso, los combates continúan, puesto que el resto de soldados hitlerianos no están obligadas a obedecer la rendición”.

Vencidas las tropas alemanas, De Gaulle se dirige primero a la prefectura de París, para felicitar a la policía, y luego al Hôtel de Ville, donde pronuncia un discurso, con su elocuencia y solemnidad habituales, delante de los insurrectos: “¡París! ¡París ultrajado! ¡París martirizado! ¡Pero París liberado! Liberado por sí mismo, por su pueblo, con la participación de las tropas de Francia, con el apoyo y la participación de toda Francia, de la Francia combativa, de la única Francia, de la Francia auténtica, de la Francia eterna”.

Escuche el discurso original de Charles de Gaulle: 21/08/2018 Escuchar

El día siguiente, el fundador de la quinta República ensancharía aún más su prestigio como salvador del honor de Francia en el desfile desde los Campos Elíseos hasta la Catedral de Notre-Dame. Una imagen reforzada por la ficción y que, a ojos de Delpla, ha eclipsado el papel de la ciudadanía. “En la literatura, y sobre todo en el cine, con las dos grandes películas, la de René Clément en 1966 (Paris brûle-t-il?) y la de Volker Schlöndorff en 2014 (Diplomatie), uno tiene la impresión de que París es liberado por algunos grandes hombres. Esto tiene tendencia a eliminar el rol del pueblo, el rol de los resistentes”, asegura.

A este hecho se le suma el papel que desempeña el relato que cada pueblo hace de su propia historia. “El territorio de la memoria ha sido ocupado por placas encargadas de recordar el heroísmo de los parisinos, de los resistentes, de los policías… Hay toda una construcción voluntaria en este sentido”, destaca.

Sigmund Freud definió precisamente la memoria como la organización del olvido. Después de 1944, Francia sentía tal necesidad de recuperar su dignidad que la memoria colectiva antepuso la leyenda heroica de la liberación a la vergüenza de la ocupación y el régimen de Vichy. Una liberación orquestada conjuntamente por las tropas aliadas, las organizaciones de la resistencia y el pueblo parisino. En realidad, los historiadores coinciden en que tuvo una importancia estratégica más bien pequeña, aunque una enorme relevancia en el terreno simbólico. La victoria local de París llevaría, menos de un año después, a la capitulación global del nazismo y al fin de la guerra.

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