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Consumo de crack: París pide la apertura de otras 'narcosalas'

Consumo de crack: París pide la apertura de otras 'narcosalas'
 
Un consumidor de droga preparando su inyección. Getty/David Gillanders

La alcaldía de París está en alerta por el aumento del consumo callejero de crack, un poderoso derivado de la cocaína. Las autoridades buscan abrir otras salas de consumo regulado como la que ya existe y que RFI visitó.

Estamos en la capital francesa, pero muy muy lejos de sus edificios emblemáticos y tiendas de lujo. Aquí, entre dos rampas de acceso al periférico norte, en Porte de la Chapelle, ha surgido un campamento improvisado: la llamada ‘colina del crack’. Muy lejos del resplandor del París céntrico, aquí decenas de personas, muchas veces vestidas de harapos, cruzan el peligroso flujo de vehículos en plena aceleración para acceder a la colina donde se consume este derivado de la cocaína.

“Los usuarios se instalas, ponen tiendas, lo que hace una especie de favela”, observa Leon Gomberoff, miembro de la asociación Aurore y director de un centro de reducción de riesgos para consumidores de droga en París. “Los que se instalan en el campamento son personas en la precariedad social, que no tiene dinero ni trabajo y que pasa su día consumiendo el producto lo que lo lleva al deal, estafas, pequeños robos, prostitución. Sin embargo, la colina es frecuentada por bastante gente con niveles de inserción más elevado”, detalla Gomberoff.

El trabajador social estima que cerca de 500 personas que transitan diariamente en el campamento, y observa que unas 60 personas viven ahí.

Evacuación policial

La evacuación policial hace dos meses del lugar no ha impedido que drogadictos y vendedores vuelvan a instalarse en este lugar. Ante esta concentración de miseria, de droga y de violencia, la alcaldía de París contempla abrir una sala donde se autorice el consumo de droga, o narco sala, para regular el consumo y reinsertar poco a poco a esta población marginada. Un dispositivo que ya existe en otro barrio de la capital: la Gare du Nord.

Versión audio del reportaje:

A cuatro estaciones de metro de la colina del crack, llegamos a la estación del norte, Gare du nord, otro agitado barrio y lugar histórico de consumo y venta de crack. Aquí, los baños públicos, las entradas de estacionamientos y los parques se han convertido en lugares de consumo de droga. Para reducir este consumo callejero creciente, el gobierno abrió hace 2 años un lugar hasta entonces inédito en Francia: una sala donde está autorizado el consumo de drogas, y de esta manera reducir los riesgos de contagios de enfermedades.

Visita a una sala de consumo de droga

Ubicada en un costado del hospital Lariboisière, en el corazón de la zona de consumo de crack, el espacio recibe cerca de 200 visitas diarias. Un éxito según la asociación civil ‘Gaia’ que dirige el dispositivo.

Una puerta lateral del hospital permite ingresar a esta sala unas horas antes de su apertura al mediodía. Nos recibe Thomas Dusouchet, farmaceuta y uno de los coordinadores de esta sala donde trabajan también enfermeros, médicos, hepatólogos y donde los consumidores se pueden realizar pruebas de hepatitis y VIH.

"Aquí está prohibido vender y comprar productos, se prohíbe cualquier tipo de intercambio de productos, de mercancía, de dinero, ninguna transacción”, explica el farmaceuta que conoce bien los productos consumidos aquí.

Sala de consumo de crack de París. Los consumidores de droga pueden inyectarse en condiciones sanitarias limpias. Asociaciín civil Gaia, París.

Además del crack, los usuarios se inyectan Skenan, o sulfato de morfina, “el principal opiáceo, y el principal producto que se revende en este barrio. Aquí hay muy poco consumo de heroína. El principal producto es este, cápsulas que la gente obtiene con sus médicos. Y también hay gente que consume metadona, buprenorfina”, explicó Dusouchet a RFI.

Kit de inyección limpia

El consumo en la sala se hace a través de varias etapas. Primero, un registro anónimo permite a los trabajadores sociales y médicos identificar a los pacientes en riesgo de sobredosis. Luego, “cada usuario nos enseña las jeringas que necesita, aquí están todos los modelos, hay de distintos volúmenes, de 1 a 60 mililitros. Imaginemos que aquí por ejemplo una persona se sirva con una jeringa, un frasco de agua estéril, un tazón limpio, un kleenex, gel desinfectante. Y una vez que la persona tenga este kit, se sienta en una de estas sillas y tiene 20 minutos para consumir”, detalla el farmaceuta, al lado de una línea de una decena de sillas.

Ante la imagen negativa que la televisión difundió de los consumidores de crack, las asociaciones que los atienden intentan alejar a la prensa. Sin embargo, hace unos meses, RFI conversó con dos hombres que salían de la sala.

“Ahora me inyecto de manera higiénica, mientras que antes lo hacía en un baño, en medio de la mugre. Uno cree que sabe inyectarse, pero en realidad no sabemos hacerlo. Aquí nos enseñan a hacerlo para no lastimarnos las venas. Tuve un absceso, no tenía vena entonces me inyectaba en la piel”, dijo Alain.

Se inyectaba en el McDonald's

Philippe por su parte se inyectaba “en la calle, en baños públicos incluso en el McDonald”. “Cuando siento que debo inyectarme es horrible, tengo calor, frio, escalofríos, diarrea. Esta sala no permite dejar la droga, pero al menos reduce los riesgos, como las sobredosis o los intercambios de jeringas”, dijo.

Si bien los propios consumidores de droga se alegran de la existencia de la sala, su apertura fue polémica.

Reunidos en un café a unos metros de la sala de consumo, un colectivo de vecinos estima que el narcotráfico y la violencia se agravaron desde hace dos años. No solo se oponen a la apertura de otras salas de este tipo, sino que piden que la sala existente sea trasladada a otro barrio.

Una vecina que vive a unos metros de la sala de consumo estima que “Contrariamente a lo que anunciaron la alcaldía y la organización Gaia, la situación en la vía pública no ha mejorado y se ha degradado. Esta sala es la única en París y en la región y generó una llegada masiva de toxicómanos y ocasionó una gran cantidad de problemas para los vecinos: peleas, tráfico de droga, venta, consumo callejero, jeringas en la vía pública... Ayer por ejemplo, un vecino filmó a alguien aquí mismo, a unos metros donde lo saludé, había alguien inyectándose”, constató esta mujer que pide que se reubique la sala “en la periferia de la Ciudad por ejemplo”.

El enojo de los vecinos

Otro vecino, un gerente de restaurante bar acusa a la sala de haber quebrado su negocio.

"Abrí mi negocio en 2011, mis ventas aumentaron en un 300%  hasta 2016. Y en 2016 fue catastrófico, fue el año en que se abrió la sal de consumo de drogas. Estoy por vender mi negocio, perdí 100.000 euros de ventas, tuve que separarme de dos empleados. Los clientes ya no quieren venir de noche: hay zombis que andan por la calle, saliendo de la esta sala de consumo, están despistados”, cuenta con enfado.

Ante el auge del consumo de droga dura en París, la alcaldía pidió la apertura de otras tres salas de consumo regulado, así como la creación de buses itinerantes para los consumidores que inhalan crack. Pero el gobierno francés es el único en tener la facultad de autorizar este tipo de lugares, ya que implican delimitar un perímetro de tolerancia policial, donde se permita el consumo de drogas normalmente prohibidas.

A un año y medio de las elecciones municipales, el tema es explosivo y se convierte en un argumento de campaña de la oposición para desacreditar a la alcaldesa actual Anne Hidalgo.


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