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  • Comenzó la décimo jornada de protesta en toda Francia de los "chalecos amarillos".
Francia

La represión policial en Francia, ¿justificada o desproporcionada?

media Durante la manifestación de los 'chalecos amarillos' del 15 de diciembre de 2018, en París. REUTERS/Christian Hartmann

Estos últimos días, un caso de supuesta violencia policial injustificada en el sur de Francia ha salido a la luz, en el marco de la manifestación de los “chalecos amarillos” del 5 de enero. Más allá de este hecho aislado, numerosas denuncias sobre represión policial fueron hechas desde el principio del movimiento, e incluso, desde antes.

En Toulon, ciudad mediterránea del sur de Francia, la actitud violenta de Didier Andrieux, un oficial de policía recientemente distinguido con la Legión de Honor, desató una polémica. El policía, que fue filmado mientras golpeaba a varias personas durante una manifestación de “chalecos amarillos”, alegó que uno de ellos tenía una botella en la mano, y que era un “delincuente crónico”.

La Fiscalía sentenció que había actuado “proporcionalmente a la amenaza”, pero al volverse virales las imágenes y la indignación, el caso fue llevado a la Inspección General de la Policía Nacional (IGPN), que lo está analizando. Entretanto, salió a la luz un documento datado de 2007, en el que los colegas de Andrieux, entonces policía en Marsella, denunciaban “con el objetivo de salir de la crisis” y “de evitar que ocurra algún drama” su exceso de autoritarismo y su estado depresivo.

Un caso no aislado

En el marco de las manifestaciones de los “chalecos amarillos” y de los estudiantes de liceo, 48 casos de supuesta violencia policial están siendo investigados por la IGPN, encargada de la inspección de la Policía Nacional, revela el diario Le Monde del 28 de diciembre de 2018.

De hecho, varias escenas violentas tuvieron un eco importante en las redes sociales, como la de un hombre en el piso brutalmente golpeado el 1° de diciembre pasado, cuya filmación fue publicada y compartida numerosas veces.

Otra escena del 6 de diciembre causó una gran indignación en Francia: en un video, se ve la detención de un centenar de adolescentes de Mantes-la-Jolie (periferia de París) arrodillados y con las manos detrás de la nuca, algunos frente a un muro, rodeados por policías. Se escucha a la persona que filma decir: “Esto es una clase obediente”.

El video de la detención

Las balas de goma, un arma peligrosa

Los manifestantes denuncian un uso abusivo de los gases lacrimógenos y de las balas de goma (LBD), un arma de defensa que puede causar importantes heridas, como la pérdida de un ojo y traumatismos graves.

Pero encontrar cifras oficiales sobre los “chalecos amarillos” heridos es una tarea ardua: el último comunicado del Ministerio del Interior, que constaba de 1.407 heridos (46 graves), se remonta al 11 de diciembre de 2018. Además, “no hay censo específico de los casos vinculados al uso del LBD”, señaló en diciembre el Ministerio.

Un policier anti-émeute fait face aux jeunes de banlieue avec son flash-ball, au cours d’une manifestation à Nanterre. AFP / BERTRAND GUAY

Entre otros casos, un “chaleco amarillo” de Toulouse fue víctima de un traumatismo facial y estuvo en coma inducido, un estudiante de liceo de Orleans sufre de una fractura de la frente después de que le dispararan en la cara, y un joven de 18 años de Meaux presentó una denuncia por un disparo en los testículos.

El pasado 6 de diciembre, unas 200 personalidades, entre ellas políticos, autores, cineastas, sociólogos e historiadores, publicaron en Libération una tribuna pidiendo al Gobierno que se deje de usar las balas de goma.

Ataques contra la prensa

A mediados de diciembre, varios periodistas y fotógrafos de prensa decidieron testificar y presentar denuncias por casos de violencia policial en su contra. En total, explica Le Monde, se hicieron 24 denuncias, y ocho de ellas relatan hechos de violencia con armas.

El periodista de Le Parisien Yann Foreix recibió una bala de goma LBD40 en la nuca, disparada por un policía que se encontraba dos metros detrás de él, y tuvo que ser evacuado hacia el hospital.

Eric Dessons, fotógrafo para Le Journal du Dimanche, fue aporreado dos veces en la mano que sostenía su cámara, y terminó con una fractura y una baja médica de cuatro semanas.

Una inquietud que no es nueva

Pero no todas las denuncias conciernen hechos ocurridos durante las manifestaciones de los “chalecos amarillos”. Algunas datan de las manifestaciones contra la “ley del trabajo” o “ley El-Khomri”, en la primavera de 2016.

También en abril de 2018, mientras las fuerzas del orden intentaban desalojar la ZAD de Notre-Dame-des-Landes, varios periodistas fueron heridos. Dos periodistas de Libération fueron lesionados por “una granada de estruendo”, detalló entonces la Sociedad de Periodistas de Libération (SJPL) en un comunicado, denunciando “el uso desproporcionado de la fuerza por los gendarmes”. En diez días, 10.000 granadas de gas lacrimógeno fueron disparadas.

Además de lo ocurrido en Notre-Dame-des-Landes, el principio del año 2018 fue marcado por numerosas manifestaciones y bloqueos de estudiantes, quienes denunciaron en las redes sociales una represión policial demasiado violenta valiéndose de videos, sin mayores consecuencias.

¿Fuerza legítima o violencia injustificada?

En febrero de 2017, seis expertos encomendados por el Alto Comisariado de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos ya habían denunciado los abusos de la policía. Trabajaron sobre tres casos particulares, entre ellos la muerte de Adama Traoré mientras lo interrogaba la policía y las violencias sobre Théo L.. Los expertos se dijeron entonces “particularmente preocupados porque estos incidentes no son aislados”, relata Le Monde.

De las personas acostumbradas a manifestar por temas sociales, algunas admiten que ahora marchan “con un nudo en el estómago y sabiendo que algo puede pasar”. Jérémie Gauthier, sociólogo en el Instituto de Investigación Interdisciplinaria sobre Cuestiones Sociales (IRIS-EHESS), entrevistado por Le Monde, estima que durante las manifestaciones, hay una tendencia a la represión antes que a la conversación, mientras que en Alemania la policía se reúne con los organizadores de las marchas, lo cual permite “limitar el uso de la fuerza”.

La situación ha ido cambiando con el estado de emergencia que fue instaurado después de los atentados de 2015. Según afirma en Le Monde Fabien Jobard, investigador en el CNRS y CESDIP, “el Estado ha autorizado entonces las marchas pero exigiendo un mayor control de parte de los policías, cargándolos con toda la responsabilidad” y dándoles armas más peligrosas.

El ministro del Interior Christophe Castaner ha afirmado recientemente que “cuando hay abuso policial, tiene que ser sancionado. Regularmente recuerdo a las fuerzas del orden que tenemos un deber de ejemplaridad”. Sin embargo, aunque no haya un censo oficial, se tiene la idea de que la mayoría del tiempo, cuando un policía es condenado, es a una pena en suspenso.

 
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