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El difícil acceso a Jerusalén para festejar la Pascua

El difícil acceso a Jerusalén para festejar la Pascua
 
Misa de Pascua en la Iglesia del Santo Sepulcro, Jerusalén, este 27 de marzo de 2016. Reuters

Domingo de Ramos en Jerusalén. Entre la multitud ondeando palmas y ramas de olivo caminan en procesión fieles mexicanos, brasileños, nigerianos, rusos, australianos, y se canta y se reza en múltiples lenguas. Pero para los responsables religiosos hay una ausencia que hace daño: la de centenares de cristianos palestinos de Cisjordania y Gaza que un año más no recibieron el permiso de Israel para vivir la Pascua en Jerusalén.

Un palestino de Cisjordania, independientemente de su religión, necesita una autorización israelí para venir a Jerusalén. En el caso de Gaza, el permiso es imprescindible para poner un pie fuera de la franja.

Detrás de las restricciones de acceso a Jerusalén para cristianos y musulmanes, los responsables palestinos ven la intención de Israel de ejercer una soberanía absoluta sobre la ciudad.

Según Yusef Daher, secretario del Centro Intereclesiástico en Jerusalén, “Israel quiere un estado judío y una capital judía y por esta razón dice a los demás ‘no tienen espacio ni libertad de acceso a la ciudad’. Esto afecta a los cristianos y a los musulmanes. Los permisos se dan a una parte de la familia, a la madre y los niños o al padre y los niños para mantener lejos a otra parte de la familia. Es triste, malo, doloroso”.

Los cristianos son minoría en Israel y Palestina y sólo representan entre 1 y 2% de la población, es decir unas 200.000 personas en total. En fechas como Pascua y Navidad, las iglesias solicitan autorizaciones para la comunidad, pero los procesos son lentos, complicados y a menudo estériles. La conclusión es que los lugares santos de Jerusalén están finalmente más cerca para un turista que cruza el mundo que para un palestino que vive a 10 o 15 kilómetros.

Jamal Khader, uno de los responsables del Patriarcado latino de Jerusalén, lamenta que las iglesias de Tierra Santa estén vacías de palestinos: “Es muy triste especialmente porque nosotros, los cristianos de Tierra Santa, somos las piedras vivas. Y no queremos que los peregrinos vengan y vean sólo iglesias, queremos que vean también a las piedras vivas. Todo esto es un signo de que todavía vivimos bajo ocupación militar. Yo por ejemplo necesito un permiso de las autoridades militares israelíes para venir a Jerusalén aunque soy canónigo del Santo Sepulcro. Todo esto limita nuestro acceso a los lugares santos y nuestra libertad de culto”.

La ola de violencia que castiga a Jerusalén desde hace casi seis meses ha hecho que muchos peregrinos extranjeros anulen o aplacen sus visitas. Las medidas de seguridad se han extremado, la policía israelí escolta los cortejos religiosos, limita la afluencia de público a iglesias y a puntos precisos de Jerusalén. Algo que los palestinos consideran como una manera más de impedir la libertad de culto en la ciudad.

En general, los turistas permanecen ajenos al conflicto, muchos desconocen los problemas de los palestinos para llegar hasta Jerusalén. Israel concede una media de 10.000 permisos a cristianos palestinos por Pascua. Según las autoridades religiosas, no superan los 5.000.

Ines Badun, asistenta social en Belén, ha tenido suerte este año y ha podido venir a la Ciudad Santa con su familia. Sin embargo, tiene problemas para poder celebrar la Pascua: “Tenemos una situación muy mala debido a la ocupación que ha empeorado desde el año pasado. La policía está en todas partes, cierra partes de la ciudad vieja y no podemos celebrar como siempre. No es fácil. Los cristianos palestinos somos pocos y es complicado vivir entre una abrumadora mayoría de musulmanes”.

Los responsables palestinos lamentan también que no haya ninguna reacción de la comunidad internacional para impedir estos ataques contra la libertad de culto y para denunciar la distorsión del carácter demográfico, religioso y cultural de Jerusalén.
 

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