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Oriente Medio

Mosul: el desafío de reconstruir la ciudad y la convivencia

media Miembros del ejército iraquí festejan la reconquista de Mosul, el 9 de julio de 2017. REUTERS/Alaa Al-Marjani

La victoria anunciada sobre el Estado Islámico en Mosul tras 9 meses de batalla plantea un reto colosal para la segunda ciudad de Irak. La destrucción material y humana, así como las divisiones sectarias, serán difíciles de superar, explican distintos especialistas entrevistados por RFI.

El primer ministro iraquí, Haider Al Abadi, llegó a Mosul este domingo para felicitar a las fuerzas armadas por la "victoria" sobre el grupo yihadista Estado Islámico (EI), tras casi nueve meses de cruenta batalla.

“Es en primer lugar una victoria para el gobierno iraquí y para el jefe Haider Al Abadi, es la recuperación de la soberanía de la segunda ciudad de Irak. El gobierno quería a todo precio borrar la afrenta del 2014, cuando perdió esa ciudad”, explica a RFI Hasni Abidi, director del Centro de Estudios de Investigación sobre el Mundo Árabe y el Mediterráneo (CERMAM, por sus siglas en francés).

“El segundo factor es que es una victoria también para una coalición muy amplia entre el gobierno y las fuerzas de seguridad, entre el ejército nacional, la policía federal y la guardia nacional, los pershmergas kurdos y también fuerzas de la liberación populares y la coalición internacional que apoyó desde el aire a las fuerzas iraquíes”, analiza.

Pese al anuncio de la victoria, aún se registran algunos puntos de resistencia en Mosul, advierte Myriam Benraad, politóloga, especialista de Irak y del mundo árabe.

“La ciudad está devastada. Los yihadistas han sido oficialmente expulsados, pero en realidad sabemos que hay una cantidad de militantes que permanecen en la ciudad, incluso en el este. La gente sigue con miedo ante un regreso del grupo y plantea la cuestión de las operaciones de estabilización. Es decir, garantizar la seguridad, quién va a gobernar, quién va a restablecer las instituciones y quién va a reconstruir la ciudad”, afirma.

Mosul es una ciudad mayoritariamente sunita en una región con predominancia kurda y tradicionalmente contaba con numerosas minorías (kurdos, turcomanos, chiitas, cristianos...). La toma de la ciudad por parte del Estado Islámico, sunita, exacerbó las diferencias entre las distintas comunidades, incluso en el interior de familias sunitas desgarradas por miembros que apoyaron a los islamistas, los combatieron o fueron cómplices. Resolver este rompecabezas es uno de los desafíos de la reconstrucción y estabilización de Mosul.

“El principal problema que hay es que los desplazados vuelvan porque muchos de ellos fueron denunciados por sus vecinos, sobre todo los cristianos. Yo no sé hasta qué punto la población va a volver. Sobre todo Mosul era una ciudad de más de un millón de habitantes. Vamos a ver cómo se organizan barrios, cuál es la administración que se va a votar en la ciudad”, señala Albert Priego, Profesor Relaciones Internacionales (Universidad Pontificia de Comillas)

“El Estado iraquí está siendo más fuerte de lo que era y es el que puede dar las condiciones estructurales para que los cristianos vuelvan o que los sunitas estén ahí presente. La sensación de seguridad subjetiva es mucho más difícil de conseguir que la seguridad objetiva. Aunque se pueda conseguir cierta normalidad, el daño hecho a la convivencia es mucho más grande de lo que podemos imaginar. Es como Sarajevo, que acabó la guerra hace muchísimos años y todavía tiene sus problemas. Hay ciertas separaciones, rencores. El posconflicto es siempre la parte más complicada”, recalca.

 
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