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Cable de noticias

Exclusiva AFP: La tensa espera en Brasil del exmilitante Battisti

Por AFP
media El exactivista italiano de ultraizquierda Cesare Battisti, durante una entrevista con la AFP en Cananeia, Sao Paulo, Brasil, el 20 de octubre de 2017 AFP

Con Karl Marx mirándole desde un cuadro y su hijo correteando al lado, el exactivista italiano de ultraizquierda Cesare Battisti reconoce en su refugio cerca de Sao Paulo que "la tensión es fuerte", a días de que la corte suprema de Brasil discuta su posible extradición.

Implicado en la lucha armada de los 70, el ahora escritor lleva casi 40 años huyendo de su país, donde fue condenado por participar en cuatro homicidios de los que se declara inocente.

"La tensión es fuerte porque si estuviera seguro que mi proceso es jurídico, no estaría en esta situación", asegura a la AFP desde Cananeia, en el litoral del estado de Sao Paulo.

Con 62 años y su nombre de vuelta a las portadas de los diarios de Brasil, adonde llegó escapando desde Francia en 2004, Battisti cree que su caso está politizado por la fijación que tiene con él el poder italiano tras su fuga de prisión en 1981.

Comenzaba entonces una huida que le llevaría a México y a Francia, donde vivió casi 15 años y desarrolló una exitosa carrera como autor de novelas policiales.

Pero en Roma nunca olvidaron al personaje tenebroso que, según denuncia, construyeron sobre él, y periódicamente reclaman su extradición, pese a que el exmandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva firmó un decreto rechazándola en el último día de su gobierno en 2010.

"Existe una ley que dice que no se puede revocar el decreto después de cinco años y, existe una cosa ética", defiende en un portugués de marcado acento italiano.

El próximo martes, la corte suprema comenzará a debatir su caso, poco después de que el gobierno de Michel Temer manifestara su voluntad de extraditarlo.

Con la mirada cansada, Battisti habla desde el humilde salón de la casa donde reside, propiedad de un amigo, y cuyas paredes son un pedazo de la vida del exintegrante del grupo Proletarios Armados por el Comunismo (PAC).

Entre un retrato del Che, una lámina descolorida del Guernica y la bandera de Palestina al fondo, confía en que podrá quedarse en Brasil, mientras no quita un ojo del inquieto Raúl, de cuatro años.

"No tengo seguridad que Temer vaya a hacer eso [la extradición]. Dudo que un presidente pueda anular el decreto de otro", asegura.

Su compañera Priscila, una profesora de 31 años, le observa con una angustia que no consigue calmar desde que hace poco más de dos semanas supo por los medios que el padre de su hijo había sido detenido cerca de la frontera con Bolivia.

- Refugio -

Un juez decretó entonces su prisión preventiva al considerar que estaba huyendo del país con una fuerte suma de dinero sin declarar, pero fue liberado dos días después.

"Fue un secuestro organizado que no funcionó por un pelo, si no ya estaría en un avión militar. Hace meses que eso estaba siendo preparado con muchos recursos apoyados por Italia", relata indignado.

El incidente, que según él no era más que un viaje de pesca con amigos, disparó de nuevo su nombre a los medios y, con él, el de la reposada Cananeia.

En esta localidad de casas bajas frente a los morros que salpican la costa, y a 270 kilómetros de Sao Paulo, Battisti ya había encontrado refugio cuando salió de prisión 2011.

Aunque ha vivido en otras ciudades brasileñas nunca ha terminado de irse de esta localidad de 12.000 habitantes, donde algunos vecinos todavía recuerdan los viejos rumores que hablaban de la llegada de un forajido italiano al que un misterioso grupo extranjero planeaba volarle la casa.

La mayoría le considera un tipo normal al que le gusta tomar vino frente al mar y hablar de su admirado Corinthians, pero con el que pocos se atreven a abordar el pasado.

- 'Suicidio' -

Pero Roma no renuncia a sentarlo de nuevo ante la Justicia para que pague su condena por los oscuros "años de plomo".

"Siempre dije que soy culpable de haber participado en una organización armada y de haber tomado posición contra el estado fascista, mafioso y ladrón. Pero los crímenes de los que me condenaron en rebeldía cuando estaba en México, tienen que probarlos", afirma, asegurando que no hay ningún indicio de su culpabilidad.

Los duros relatos que llegan de Europa contrastan con el trajín en su casa brasileña y la sentida carta que Priscila ha dirigido a la presidenta de la corte suprema, relatando el sufrimiento de su hijo ante las forzadas ausencias de su progenitor.

"La única cosa que me incomoda es el dolor que creé a mi familia", afirma Battisti recordando a las hijas que dejó en Francia.

"Era una lucha imposible de ganar, especialmente en el corazón de Europa. No lo volvería a hacer así porque sería mandar a un joven al suicidio", confiesa.

Aunque, pese a todo, dice que valió la pena: "La lucha está viva y merece ser hecha para mejorar las condiciones de los pueblos".

 
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