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Cable de noticias

Un año después de la "victoria", el grupo EI continúa enraizado en Irak

Por AFP
media Las fuerzas de seguridad iraquíes ceelbran el primer aniversario de la victoria sobre el grupo del Estado Islámico en la ciudad norteña de Mosul, el 10 de diciembre de 2018 AFP

Como las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD) este sábado, Irak declaró, hace más de un año, la "victoria" sobre el grupo yihadista Estado Islámico (EI). Sin embargo, quedan adeptos que siguen matando y poniendo bombas en un país que continúa siendo un caldo de cultivo de yihadistas.

Más allá de la vertiente militar, el retorno de los 1,8 millones de iraquíes que siguen desplazados, los cientos de procesos "expeditivos", la miseria social, los traumas creados por la sucesión de conflictos y las profundas brechas entre comunidades son lacras que no se solucionarán hasta dentro de unos años, avisan los activistas por los derechos humanos, que temen que los radicales sigan reclutando miembros entre los ciudadanos desamparados.

Derrotado militarmente, el grupo ultrarradical que en 2014 se apoderó de casi un tercio de Irak y de extensos terrenos en Siria, ya no dispone de ningún territorio habitado. Aún así, no ha perdido su poder destructor, en un país que espera una reconstrucción evaluada en 88.000 millones de dólares.

- Zonas inaccesibles -

Atrincherados en zonas montañosas o desérticas, sus efectivos disponen de refugios inaccesibles para las fuerzas de seguridad, casi cinco años después de que empezara la contraofensiva.

"Todos los días, hay operaciones contra células durmientes", afirma a la AFP el general Najim al Juburi, que dirige las operaciones en la provincia de Mosul (Nínive, norte).

La coalición internacional anti-EI sigue llevando a cabo bombardeos en Irak, en un contexto de enormes desafíos: hay que garantizar la seguridad de más de 600 km de frontera con Siria en el desierto, controlar las zonas montañosas disputadas por los kurdos e impedir infiltraciones a través de las vías históricas del contrabando.

Desde la reconquista de Mosul en julio de 2017, las tropas han detenido a "2.500 terroristas" en enfrentamientos y registros, señala el general Juburi. Las fuerzas iraquíes también anuncian de vez en cuando que han matado a yihadistas en combates.

Pero el ejército iraquí también ha perdido soldados en ataques.

Los yihadistas "perpetraron 55 ataques con bomba contra la policía y dañaron varias veces instalaciones eléctricas", explica a la AFP el general Saker Kawin, de la policía federal.

En la provincia de Kirkuk, fronteriza de Nínive y del Kurdistán, los yihadistas abatieron en los últimos seis meses a una decena de dirigentes municipales, según responsables locales.

A lo largo de la frontera, los combatientes del grupo EI, cercados por las fuerzas iraquíes y sirias, también suelen intentar llevar a cabo incursiones.

Aunque normalmente las fuerzas iraquíes logran impedírselo, "en algunos lugares se mueven sin dificultad, con armas y vehículos [...], en las ramblas desérticas y en zonas accidentadas", indica una fuente de seguridad.

Las tropas iraquíes todavía no han penetrado en algunas zonas que les escapan desde mucho antes de la llegada del EI.

Antiguas guaridas de Al Qaida o de insurgentes antiestadounidenses tras la invasión de 2003 albergan túneles que sirven para proteger a arsenales y combatientes ante cualquier bombardeo aéreo.

Hay otras zonas inaccesibles, incluso para los habitantes. Arrebatadas por grupos paramilitares, siguen estando controladas por estos, que impiden a las comunidades locales que regresen a sus terrenos, acusándolas de haber colaborado con el EI.

- Venganza generalizada -

Ante esta situación, las familias sobreviven en campos de desplazados, que las autoridades van cerrando poco a poco.

Entre estos desplazados, algunos podrían volver a sus casas pero se niegan a hacerlo, en medio de un ambiente de sospecha generalizada: "por todas partes hay venganza y eso es lo que [les] preocupa", explica a la AFP Razaw Salihy, responsable de Amnistía Internacional para Irak.

"No se fían ni de su propia familia", mientras que la pertenencia al grupo EI se ha convertido en "un comodín" al que se puede echar mano en cualquier momento "por diferendos familiares o de vecindad", agrega.

La ONU investiga los posibles "genocidio", "crímenes de guerra" y "crímenes contra la Humanidad" del EI, pero Amnistía también denuncia la explotación sexual que padecen en los campos las mujeres sospechosas de tener lazos con el grupo ultrarradical.

"Los niños no olvidarán que sus madres o sus familias fueron humilladas", advierte Salihy, que califica a esta generación de "bomba de relojería".

A esto se agregan los cientos de procesos, tildados de expeditivos, tras confesiones obtenidas bajo tortura, según defensores de derechos humanos, así como los males tradicionales de Irak, empezando por la pobreza y una corrupción endémicas.

Algunos desplazados decidieron volver, como Ulo Racho, un comerciante yazidí de 45 años, pero sus hogares distan mucho de parecerse a lo que fueron en otro tiempo.

"Sí, fuimos liberados, pero no tenemos ningún servicio, ni hospital, ninguna actividad", lamenta delante de su puesto, desierto, en el norte iraquí.

Otros llegan incluso lanzan ideas como que "al menos con el EI teníamos para comer", según Salihy.

 
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